Necesidad de ser aprobados

  • Para Reflexionar
  • Luis Rey Delgado García

Laguna /
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Hay personas que miden su valor a partir de la opinión de los demás. 

Es decir, necesitan un reconocimiento y aprobación de los demás, o por el contrario piensan mal de sí mismas si los demás no los valoran. 

Estas personas para llegar a quererse a sí mismas necesitan que los demás, la gente que les rodea, los conocidos o no conocidos (y mientras más personas mejor) les apruebe, les reconozca, les expresen que valen. 

Por tanto, la persona adicta a la aprobación medirá su autoestima en función de lo que los demás dicen o piensan de ella.

Todos necesitamos de la aprobación y del reconocimiento de los demás, es parte de la motivación e intenciones que tenemos al hacer lo que hacemos en el trabajo, la escuela, las relaciones familiares, etc. 

Y además es la manera de tener una referencia externa respecto a mi actuación. 

Mientras sea eso, una referencia, entonces ese reconocimiento y aprobación son necesarios para funcionar adecuadamente en nuestras relaciones interpersonales.

El problema estriba en que hay personas que sufren porque no siempre agradan a los que les rodean y continuamente están atentos al entorno. 

Experimentan su emoción más básica como preocupación, lo cual genera una fuerte ansiedad en sus vidas. 

Pero la autoestima o el autoconcepto se construye a partir de criterios propios, en lugar de hacerlo a partir de los comentarios, opiniones, críticas y actitudes de otros.

Preocuparse por los demás, para caerles bien, para hacer aquello que pueda agradarles, es muy desgastante... 

Sin embargo, sabemos, que es imposible agradar a todo el mundo, tarde o temprano tropezaremos con alguna persona que no nos soporta.

Si entendemos que nuestra opinión la podemos colocar al menos un peldaño más alto que la de los demás con respecto a cosas que nos afectan y que la base para construir nuestra autoestima la sacamos a partir de nosotros mismos, quizá podremos alejarnos del sufrimiento de no ser o ser aprobados por los demás.

Pensar que los demás tienen derecho a juzgarnos es un equívoco. Nadie tiene derecho a hacerlo, a menos que se lo pidamos. 

La persona que necesita la aprobación de los demás cree erróneamente que, si se equivoca, si una acción suya merece ser desaprobada entonces todo su ser, su valor como persona va a quedar manchado por esa falta. 

Esta creencia es irracional.

Buscar la aprobación constante de los demás daña la autoestima, genera ansiedad y nos hace perder la libertad personal, aunque un grado moderado y buscado de aceptación es natural.

Lo que verdaderamente daña es la dependencia de la validación externa, pues vivir bajo la tensión de agradar a todo el mundo provoca desgaste e Inseguridad: 

La autoestima se debilita al quedar atada a las opiniones y críticas ajenas en lugar del propio juicio.

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