El aprendizaje (el aprender) es un proceso que dura toda la vida. Desde el momento en que el organismo humano comienza a responder al tacto y a reconocer los cambios de temperatura, el aprendizaje es un continuo tan incesante como los latidos del corazón.
En los primeros años, primero nos arrastramos y gateamos y luego nos tambaleamos en dos piernas.
Al poco tiempo aprendemos a correr y a saltar y a gritar.
Descubrimos la manera de coordinar la laringe, los pulmones y la lengua para emitir sonidos y nos adaptamos al vocabulario y a la gramática del idioma que hablamos – quizá nuestra mayor conquista.
Los niños pequeños primero aprenden a pensar en cosas concretas. Clasifican los objetos de una manera binaria: grande/pequeño, gordo/delgado, rápido/lento, bueno/malo... Durante los intervalos en el salón de clases se nos instruye sobre los aspectos que serán útiles para nosotros.
Pero el aprendizaje no termina en una ceremonia de graduación.
Constantemente obtenemos nueva información, descartamos o aprobamos las opiniones o buscamos en otras direcciones.
Por tanto, el uso que hacemos de la palabra “aprendizaje” se aplica a una esfera de actividades muy amplia: “El aprendizaje es la modificación del comportamiento como resultado de la experiencia” aprendemos de la vida que experimentamos y porque somos conscientes podemos generalizar, discurrir, elucubrar; comparar, descubrir diferencias, memorizar; retener imágenes, atender y aprender a aprender... Toda una constelación de posibilidades.
Sé que lo que experimento acerca de mí mismo y de los demás, forma parte de la vida que estoy viviendo y que estoy experimentando, aunque no sea totalmente consciente de “todo” lo que estoy viviendo y experimentando.
Si nuestra consciencia se ampliara cada vez más, es decir, si fuésemos cada vez más conscientes de lo que estamos viviendo y experimentando estaríamos “atrapando” conscientemente mas aspectos de nuestra vida y tendríamos la posibilidad de aprender más de nuestra experiencia.
De tal modo que no se trata solo de vivir y tener experiencias, sino de ser conscientes de lo que vivimos y experimentamos.
¿Cuántas veces pasamos por la vida sin darnos cuenta de lo que vivimos?, ¿y por las experiencias sin ser conscientes de ellas?
Por ello resulta altamente útil dedicar parte de nuestra atención consciente a repasar lo vivido, ¿Qué sentí? ¿De qué me doy cuenta? ¿Cómo viví el día de hoy?
Se trata de desarrollar nuestra atención y enfoque consciente en los aspectos que frecuentemente “se nos pasan”, pero que están ahí y forman parte de nuestra experiencia, ahí hay mucha información, tanta como seamos capaces de “darnos cuenta” de ella y aprender.