“Aprender” es un proceso que se lleva a cabo durante toda la vida, de manera intencional o no, al interactuar con el mundo aprendemos, cambiamos, crecemos y progresamos a través de experiencias y conocimientos. Sin embargo, muchas veces no somos conscientes de lo que aprendemos ni de las consecuencias de lo que aprendemos. Las personas pueden aprender de forma mecánica o espontánea sin tener consciencia del proceso y del cambio que resulta en su persona.
El hecho de considerar los aprendizajes como experiencias sistematizadas y orientadas por terceros, suma de una serie de conocimientos regulados y estructurados, puede dar lugar a que el individuo que aprende no goce ni disfrute lo que aprende, pues estos aprendizajes no son de su interés ni es su intención aprender. Subyace la creencia de que el aprendizaje solo forma parte de la educación formal, planeada con cursos, asignaturas, años académicos, con el propósito de obtener un título o una acreditación que les habilite para el trabajo.
Hay que enfocar el “aprender” como un “talento”, para que el individuo no pierda el interés por aprender. Desarrollar el “talento” requiere de motivación, entrega, amor y pasión por desarrollarlo. El proceso de aprender y fomentar el talento que se tiene por naturaleza, que además de energía, requiere de tiempo y esfuerzo, pero, una vez descubierto, apasiona al que lo posee y lo practica. Si aprender es un talento humano, puede desarrollarse desde temprana edad de manera práctica y consciente de él. La motivación interna del individuo que aprende, lo lleva a la práctica día a día.
Como cualquier otro “talento” de cualquier índole (artístico, deportivo, científico, etc.) el “aprender” hay que ejercitarlo, mejorarlo, a fin de que dicho talento lo pueda hacer y experimentar durante toda la vida. Fomentar el “talento de aprender” de tal manera que el control, el gozo, el deseo, la motivación, el esfuerzo y la pasión por aprender haga la diferencia, respecto de solo ver en el aprendizaje la incorporación de información, conocimiento y saberes para sobrevivir.
De tal manera que el papel del padre, madre, maestro, educador y de nosotros mismos, es creer y reconocer que el aprendizaje es un “talento” que debe y puede desarrollarse en las personas, a partir del fomento, alimentación y observación de este talento. Enfrentar el temor a investigar, a indagar, a profundizar en lo novedoso nos paraliza, por lo que hay que tomar valor para superar la ignorancia.
Apoyar la observación y fomentar una actitud indagatoria como un atributo de quienes buscan mejorar lo que hacen.
Quizá lo más relevante para fomentar el talento para aprender son una actitud humilde, paciente, con capacidad de asombro y curiosidad. Buscar, explicar, indagar, preguntar, observar y preguntar, compartir y escuchar. Aprender es una decisión, nadie puede aprender por otro, nadie puede hacer que alguien aprenda. Nada es más importante en el proceso de formación y aprendizaje que facilitar que nuestros hijos y alumnos tomen esa decisión.
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