Una relación fundamental

  • Para Reflexionar
  • Luis Rey Delgado García

Ciudad de México /

Es el amor lo que constituye, lo que hace una relación de pareja, entendiéndola en su esencia, es decir, por su naturaleza, sin exclusión de otras motivaciones. A la pareja la entendemos como el vínculo afectivo-corporal cuya entidad se configura entre dos personas, hombre y mujer, como una relación de interdependencia mutua, y cuyo desarrollo tiende a mantenerse en un progresivo “equilibrio inestable” entre ambos.

En la pareja, incluso antes del matrimonio, parece ser que los diálogos y las conductas subyacentes expresan: “Quiero estar lo suficientemente lejos de ti, sin sentirme abandonada (o) y lo suficientemente cerca de ti, sin sentirme atrapado (a)” Esta relación singular no es (ni puede ser) un hecho consumado y cerrado en el tiempo. Se trata de un proceso en el cual ambos, se mueven a través de un continuo atravesado por las variables que cada uno aporta. El hombre y la mujer en cuestión están implicados con sus densas historias personales, condicionamientos biológicos y psicológicos, por la compleja trama que los ha constituido como personas.

Los hechos ordinarios de una vida de pareja: sentimientos, emociones, sexualidad, influencia del entorno, los hijos, los roles, entre otros muchos elementos, producirán variables de ajuste y hasta crisis dolorosas que deberán ser asimiladas. Es a través de estas realidades cotidianas como crecerá el propósito común que unió a un hombre y una mujer. Nada más alejado de lo estático que esta unión, de aquí que la relación implique crisis, es decir, conflicto.

Ciertamente, si el proceso de pareja se prolonga en el tiempo, el “equilibrio inestable” será cada vez más el equilibrio y menos lo inestable. La equilibrada inestabilidad deberá permanecer hasta el fin, de lo contrario, la relación se petrifica, se inmoviliza y muere.

El esfuerzo constante será entonces ponerse oportuna y cálidamente en el lugar del otro. Solo desde esa posición es posible alimentar afinidades, superar dificultades, aceptar diferencias. La mutua comprensión empática es, eje esencial del encuentro. Será ciertamente la sana entrega de ambos, lo que conducirá a la muerte del egoísmo como condición de una auténtica vida de pareja. Compromiso de trabajar juntos en el proceso de la relación presente, porque es la relación la que enriquece el amor y la vida y se desea que ésta crezca.

Ante todo, se trata de un compromiso. Un compromiso, en nuestro caso, es una promesa común. Promesa lúcida, consciente, voluntaria y sobre todo libre, de realizar un verdadero trabajo de encuentro humano, fecundo en todos los sentidos, orientado a la plenitud y alegría de compartir, deliberadamente, la existencia. No es mero “contrato” de partes ni forzada “obligación”. Su meta es el gozo de hacerse juntos física y espiritualmente, con la posibilidad de multiplicar ese gozo en los hijos.


luisrey.delgado@grupolala.com

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