Así se esperaba

  • Vida cotidiana
  • Luis Walter Juárez

Laguna /
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Desde el domingo primero de noviembre los diferentes cementerios de toda la región lagunera, tanto de Durango como de Coahuila, empezaron a recibir a los familiares de aquellos que ya descansan en paz y este lunes fue una verdadera romería la que se vivió, ya que el paso de personas hacia el interior de los panteones era constante, algunas de las mismas llevaban flores propias de la temporada, otras algunos arreglos y lo que no faltó fueron las cubetas con agua, ya que lo importante era darles una buena lavada a las tumbas para que duren hasta el próximo año. 

Muchos pudieron apreciar el colorido que inundaba los camposantos, ya que el amarillo y el color uva de las flores de cempasúchil eran dignos de bonitos paisajes.

Muchos laguneros buscaron darle vida a esos sitios en donde descansan muchos seres queridos que se adelantaron en el camino, por lo que además de darles una limpiadita a las tumbas, les colocaron sus flores, otros más hasta veladoras y no faltaron quienes llevaron todo lo que se utiliza en el lugar del eterno descanso, en los cuales no pudieron faltar las cañas y hasta los alimentos o bebidas, así como los cigarros que más disfrutaban los difuntos. 

Afuera de los cementerios, también se disfrutaba del momento, ya que muchas familias se daban tiempo para pasar a echarse unas gorditas, unos tacos, comprar sus botes de agua y lo necesario para hidratarse, ya que aunque el sol no estaba tan fuerte, si sentía el calorcito lagunero.

En algunas tumbas, se podían ver a las familias que tras darles una buena “manita de gato”, se dispusieron a disfrutar de los sagrados alimentos, por lo que se observaban a niños, adultos y a las mujeres llevar la batuta, como el de preparar los lonches o bien, partir las pizas o hasta las piezas de pollo con su puré y ensalada. 

En algunos lugares se podía escuchar la música, ya que no faltaron aquellos que contrataron a algún grupo de música norteña, otros se hicieron de los servicios de aquellos señores que con sus guitarras y un acordeón cantaban las melodías que tanto les gustaban a los difuntos. 

Muchos hicieron de esta fecha tan memorable verdaderos festejos, ya que aprovecharon los dos días de muertos para convivir en familia y también recordar a todos aquellos que están al lado del creador.


Walter.juarez@milenio.com

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