Esta semana fue muy emotiva, no solamente por la parafernalia del día del amor y la amistad sino por todo lo que rodea el concepto efímero o eterno de los sentimientos; dentro de mis clases y junto a mis alumnos se movilizaron muchas emociones por causa de un ejercicio generado gracias a La Literatura Sintomática. Pero, ¿qué es? Escribir con el cuerpo. Es la escritura que libera de emociones a un individuo permitiéndose plasmar en una hoja lo primero que se le viene a la mente sin tiempo de pensarlo, con el objetivo de liberar su catarsis de una manera personal. “Todos tenemos un modo diferente de responder frente a lo imposible de soportar y el arte también es una de ellas”, dice Carolina Rovere -psicoanalista y colaboradora del libro “El arte de lo real, La máquina de des-escribir II” de la Editorial Argentina Letra Viva que escribió mi amiga Natalia Neo Poblet.
Haciendo honor a lo leído decidí realizar este ejercicio; para esta actividad solo era necesario una pluma y un papel y escribir en una hoja en blanco el primer sentimiento o emoción que viniera a su mente. ¿Con que objetivo? Con el de liberarse, hacer catarsis de una manera personal y sin que nadie más lo leyera.. Al final cada uno de mis alumnos tuvo la oportunidad de destruir esa hoja rompiéndola y tirándola en una bolsa de basura de manera que fuera imposible que alguien más la leyera. Se liberaron destruyendo lo que alguna vez “los destruyó” y luego con las emociones a cuestas les pedí escribir su opinión personal, que me describieran todo lo que pasara por su cuerpo y su mente después de esta actividad literaria y sobre todo plasmar el por qué es importante deshacernos de las malas experiencias.
Creo fielmente que a través de la literatura podemos desahogarnos, que realmente se puede “llorar en tinta”; muchas fueron las reacciones que ocurrieron en el salón de clases, pero lo que me llevaré hasta la tumba son justamente sus palabras.
“Estoy en paz”, “me siento mejor”, “me quité un peso de encima”, “me siento más ligero, maestra”. Estas son las palabras que me regalaron algunos…los que pudieron hablar.
Una alumna lloró mientras me abrazaba; al final de cuentas todo se resume a que la literatura siempre nos abre puertas y nos hace conocernos interiormente. ¿También quieres experimentarlo? Toma una hoja y hazlo.