¿Y si nos levantáramos un día y tuviéramos una nueva oportunidad? Un cambio, una decisión que no tuvimos antes, un abrazo de alguien que ya no está, ese prolongado regreso a casa que esperas con ansias.
Siempre pienso en que sería grandioso poder regresar el tiempo y hacerlo, pero después me detengo a pensar en todas las experiencias y en el aprendizaje que nos perderíamos al hacerlo.
El tiempo nos hace sabios, las vivencias, los libros, los consejos, las palabras claves de aquellos que están en nuestra vida por algo y llegan en el momento menos pensado. ¿Recuerdan aquella vez en que vivieron algo malo y llegó a salvarlos esa persona de la que hablo? Esa que sólo tú sabes su nombre, esa que siempre está a pesar de los años, a pesar de todo.
Las personas nunca olvidan. No olvidamos, nos sentimos agradecidos siempre que nos tienden la mano. Esas cosas no se esfuman con el tiempo, no se van, al contrario se aferran con el paso de nuestra vida. Recuerdo a mi amiga Leo Caballé cuando llegó en un taxi a salvarme luego de una mudanza express aquí en Buenos Aires, las voces de Sebastián Salas y Julieta Laiseca cuando salía de peligro en un hospital el año pasado.
¿Cuántas veces estuvimos al borde de la muerte sin saberlo? Pero ahí estaban… esas personas que no nos dejaron irnos, que siempre están, que siempre lo harán no importa a donde vayamos.
Aún cierro los ojos y veo aquella imagen de un hombre que se quedó toda la noche conmigo en el hospital con apenas un mes de habernos conocido y que en un par de días será mi marido. Esas personas que nos enseñaron a volver a tener fe. Ahora más que nunca creo que la vida nos da realmente lo que nos merecemos, es por eso que hay que aprender a ser mejores personas y a ayudar siempre que se pueda, no hacerlo para que nos vaya bien sino para generar un cambio positivo.
Cada que pienso en esas personas extraordinarias que nos encontramos en el camino encuentro algo extraordinario, algo que ocurre si no estás en tu país, si estabas sólo: La vida siempre te dará una familia, o una hermana como lo que es para mí Mariela Díaz, que dos divinos sobrinos me entregó junto a mi amigo Mingo.
Cuando me muera me iré con escenas únicas de mi cortometraje, cómo esa donde se incluye a la actriz y dramaturga Ivania Cox, otra hermana de vida que desde que llegué a Argentina conozco y que nunca olvidaré cuando nos vimos en un café frente al obelisco en el 2012. ¿Y si la vida te diera a elegir los recuerdos para irte en paz cuáles elegirías tú?
El mejor director para ese cortometraje de vida... eres tú
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Magda Bárcenas Castro
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