Enero: El arte de empezar con intención

Tamaulipas /

Comúnmente cuando el año apenas comienza, la vida nos entrega preguntas. Hay un momento -casi imperceptible- en el que el calendario cambia, pero al mismo tiempo algo más profundo también intenta hacerlo.

No es el ruido de los propósitos escritos a toda prisa ni la lista de metas que prometemos cumplir. Es una pausa. Un silencio breve en el que la vida nos pregunta, sin urgencia: ¿hacia dónde quieres ir realmente?

Enero no es solo un mes de inicios; es un umbral. Llegamos a él cargando el cansancio del año que terminó, las decisiones que pospusimos y los sueños que, quizá, dejamos en pausa por miedo o por rutina. Por eso, antes de correr, este mes nos invita a algo más valiente: reflexionar.

Reflexionar no es mirar atrás con culpa, sino con honestidad. Es sentarnos con nosotros mismos y preguntarnos cuál es nuestra misión hoy, no la que otros esperan, sino la que da sentido a lo que hacemos cuando nadie nos observa.

¿Qué nos mueve? ¿Qué nos enciende por dentro aun en los días difíciles? Estas preguntas no siempre tienen respuestas inmediatas, pero formularlas ya es un acto de coherencia personal.

En este primer tramo del año, vale la pena detenernos a reconocer nuestros talentos. No aquellos que aplauden los demás, sino los que aparecen con naturalidad cuando somos auténticos.

Hay personas que nacieron para comunicar, otras para cuidar, crear, liderar, escuchar o transformar. Comprender nuestros talentos no es un ejercicio de ego, sino de responsabilidad: cuando los conocemos, dejamos de compararnos y comenzamos a construir metas alineadas con quienes somos.

Las metas, cuando están desconectadas de nuestros talentos y valores, se convierten en cargas. Pero cuando nacen del autoconocimiento, se vuelven caminos posibles.

No se trata de hacerlo todo este año, sino de avanzar con intención.

Pequeños pasos, decisiones congruentes, hábitos sostenidos. Ahí es donde los propósitos dejan de ser promesas frágiles y se transforman en procesos reales.

Este mes también es ideal para depurar: soltar expectativas ajenas, decir no a lo que ya no suma, y hacer espacio para lo esencial.

  • Magda Bárcenas Castro
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