La otra factura del éxito

Tamaulipas /
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Antes era muy común pensar que el éxito suele medirse por los logros, el dinero o el reconocimiento, sin embargo, hay algo que con frecuencia queda en segundo plano: el tiempo de calidad con la familia. Paradójicamente, aquello por lo que tanto trabajamos suele ser precisamente lo que menos disfrutamos.

Hoy, tanto hombres como mujeres enfrentan una realidad exigente. Muchos hombres cargan con la presión de ser proveedores, de cumplir metas laborales y de responder a las expectativas que la sociedad les ha impuesto durante generaciones.

Al mismo tiempo, muchas mujeres viven el reto de equilibrar su desarrollo profesional con el cuidado del hogar, la crianza de los hijos y una larga lista de responsabilidades que parecen no terminar nunca. Ambos hacen grandes sacrificios con la esperanza de ofrecer una vida mejor a quienes aman.

Sin embargo, nadie nos advierte que el éxito también tiene un costo cuando no aprendemos a poner límites. Las horas extras, los compromisos constantes, el teléfono que nunca deja de sonar y la necesidad de producir más pueden robarnos momentos que jamás volverán: una conversación en la mesa, una tarde de juegos, un abrazo inesperado o una historia antes de dormir.

El tiempo perdido no puede recuperarse, y muchas veces nos damos cuenta de ello demasiado tarde.

Todo esto me cayó como un balde de agua fría cuando empecé a leer al psicólogo y autor Stephen R. Covey, en su reconocido libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, quien nos recuerda que lo verdaderamente importante rara vez es urgente.

Este escritor nos invita a dedicar tiempo de manera intencional a nuestras relaciones, porque son ellas las que sostienen nuestra vida cuando llegan los momentos difíciles. Nos dice que invertir tiempo en la familia no es un lujo; sino una de las decisiones más valiosas que podemos tomar.

También es cierto que las nuevas generaciones están cambiando la forma de ver el trabajo y la vida. Muchos jóvenes ya no buscan únicamente un buen salario; valoran el equilibrio entre su vida personal y profesional, desean pasar más tiempo con sus seres queridos, cuidar su salud mental y disfrutar experiencias antes que acumular bienes materiales.

Aunque algunos consideran que esta visión refleja menos compromiso, también representa una invitación a replantear nuestras prioridades.

Después de reflexionar, creo que quizá la mejor respuesta no esté en elegir entre una forma de pensar y otra, sino en combinar lo mejor de ambas. Mantener la disciplina, el esfuerzo y la responsabilidad que caracterizaron a generaciones anteriores, pero incorporando la importancia del descanso, la convivencia y el bienestar emocional que hoy defienden muchos jóvenes.

Esa combinación podría formar familias más unidas, personas más plenas y una sociedad donde el éxito no solo se mida por lo que logramos, sino también por los momentos que compartimos con quienes más amamos.


  • Magda Bárcenas Castro
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