Los libros también saben esperar

Tamaulipas /

¿Cuántos libros tienes esperando en tu estantería? ¿has sentido culpa por no tener tiempo para leerlos? Hay quienes miran su biblioteca personal como una lista interminable de tareas. Libros acumulados en el buró, en la mochila, en la mesa de centro o en esa repisa que alguna vez prometimos organizar.

Cada título parece recordarnos silenciosamente que aún no hemos encontrado el momento para abrirlo. Y entonces aparece una sensación incómoda: la de tener “lecturas pendientes”.

Pero tal vez el problema no sea la pila de libros. Tal vez el problema sea cómo la estamos mirando.

Imagina por un momento que tu estantería no es una lista de pendientes, sino una bodega de vinos. No una que exige ser consumida de inmediato, sino una que espera el momento adecuado. Cada libro guarda un sabor distinto, una historia que solo se revela cuando alguien decide descorcharla.

Con los libros ocurre algo parecido. Cada historia tiene su propio momento. Hay días en que uno necesita la ligereza de una novela breve, otros en que el alma pide poesía, y algunos más en los que solo un ensayo profundo logra acompañar nuestros pensamientos. El lector, como el buen catador, sabe que no todas las experiencias se disfrutan en el mismo instante.

Sin embargo, vivimos en una época que nos empuja a medirlo todo: los pasos que caminamos, las series que terminamos, los libros que logramos leer en un año. Sin darnos cuenta, incluso el placer de la lectura puede transformarse en una meta que cumplir. Y entonces aquello que nació como refugio termina convirtiéndose en otra obligación más.

La realidad es que la vida rara vez se acomoda a nuestros deseos. Entre el trabajo, las responsabilidades, las preocupaciones cotidianas y el cansancio acumulado, muchas veces el tiempo para leer parece escurrirse entre los dedos. Nos prometemos que mañana abriremos ese libro, que el fin de semana retomaremos la novela o que durante las vacaciones, ahora sí, leeremos todo lo que hemos comprado.

Pero la vida no siempre concede esos planes con exactitud. Por eso tal vez sea momento de reconciliarnos con nuestras propias bibliotecas. Naturalizar que tener muchos libros sin leer no es un fracaso lector, sino una reserva de posibilidades. Una promesa silenciosa de historias esperando su momento.

Porque un libro no caduca. No se impacienta. No reclama. Simplemente espera. Y cuando finalmente encontramos ese pequeño espacio -una tarde tranquila, un café caliente, un silencio inesperado- ocurre algo casi íntimo: elegimos una historia. No la que debíamos leer, sino la que queremos leer en ese instante. Tal vez esa sea la verdadera magia de tener una biblioteca llena: saber que siempre habrá una historia aguardando pacientemente el día en que decidamos volver a ella.


  • Magda Bárcenas Castro
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