Parálisis de la perfección: mejor hecho que perfecto

Tamaulipas /

¿Te cuesta empezar, aunque tengas claro lo que quieres lograr? ¿Postergas proyectos importantes esperando el “momento perfecto”? Estas son algunas preguntas que seguramente respondiste con un sí y se le llama “Parálisis de la perfección”

Todo inicia con una investigación publicada en 2019 por Thomas Curran y Andrew Hill en donde se reveló que el perfeccionismo aumentó de manera significativa en las últimas tres décadas, especialmente entre jóvenes universitarios. Lo inquietante es que muchas veces no sabemos que lo padecemos hasta que nos paraliza.

“La parálisis de la perfección” no se presenta como un enemigo evidente. Se disfraza de altos estándares, compromiso y responsabilidad. Nos susurra que esperemos un poco más, que ajustemos un detalle adicional, que todavía no es el momento. Y así, sin darnos cuenta, dejamos de avanzar.

Cuando era niña, esto me ocurría con frecuencia. Tenía grandes ideas y metas claras, pero me quedaba atrapada en la fase de planificación. Reescribía, corregía, comparaba. Si no podía hacerlo impecable, prefería no hacerlo porque para mí era un mugrero que estaba mal hecho.

Recuerdo tardes enteras frente a un proyecto que nunca “estaba listo”. En realidad, el problema no era la falta de capacidad, sino el miedo a no cumplir con una expectativa -muchas veces autoimpuesta-.

Mi padre lo notó antes que yo. Él era un maestro muy observador. Un día me dijo algo que cambió mi perspectiva: “Es mejor un proyecto imperfecto terminado que uno perfecto imaginado”; y a partir de ahí comenzó a enseñarme estrategias muy concretas para poder concretar mis objetivos.

Me pedía dividir mis metas en tareas pequeñas y medibles. Me animaba a entregar una primera versión sin obsesionarme con el resultado final. Establecíamos tiempos límite realistas y celebrábamos el avance, no sólo el resultado. Esto sin duda me enseñó a valorar el progreso por encima de la perfección.

Años después comprendí que aquello que me sucedió tenía sustento teórico. Eran los ochentas y en esa época no había tantos estudios, se trabajaba sobre la marcha y se resolvía. No había títulos ni nombre para lo que me ocurría…hasta hoy.

Brené Brown, en su libro "Los dones de la imperfección", afirma que el perfeccionismo no es la búsqueda de excelencia, sino “un escudo” que usamos para protegernos del juicio y la vergüenza. En otras palabras, no intentamos hacer las cosas perfectas por amor al detalle, sino por miedo a no ser suficientes.

El proceso suele ser similar: surge una meta importante; inmediatamente aparece una expectativa elevada; luego el temor a fallar; después la autocrítica anticipada; finalmente, la evitación.

Lo que se siente es una mezcla de ansiedad, tensión y autoexigencia constante. La mente se llena de “debería”, “tengo que”, “no puedo fallar”. El cuerpo responde con bloqueo. Y la acción se detiene. Paradójicamente, cuanto más importante es el proyecto, mayor es la parálisis. Porque lo que está en juego no es solo el resultado, sino nuestra identidad.

¿Cómo resolverlo? Primero, diferenciando excelencia de perfeccionismo. La excelencia impulsa a mejorar; el perfeccionismo impide empezar. Segundo, estableciendo estándares flexibles y plazos definidos. Tercero, practicando la acción imperfecta: avanzar aunque no esté todo resuelto. Cuarto, cultivando autocompasión. Numerosos estudios muestran que las personas que se tratan con comprensión ante el error son más persistentes y productivas a largo plazo.

Otra herramienta poderosa es cambiar la pregunta interna. En lugar de “¿Está perfecto?”, preguntarnos: “¿Está suficientemente bien para avanzar?”. Ese pequeño giro mental reduce la presión y activa el movimiento. Toda esta información me ayudó más a entenderme.

Hoy, cuando detecto esa vieja tendencia a posponer por miedo a no hacerlo impecable, recuerdo las palabras de mi padre y doy el siguiente paso, aunque sea pequeño. Porque el progreso constante construye más que la espera eterna.

Tal vez la reflexión no sea si podemos hacerlo perfecto, sino algo más simple y liberador: ¿qué pequeño paso puedo dar hoy, con calma y confianza, para avanzar sin exigirme ser impecable? Piénsalo y agrega a tu vida este conocimiento a tu favor.


  • Magda Bárcenas Castro
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