Te echaron tierra y te salieron flores

tampico /

en estas últimas semanas he compartido muchas reflexiones con gente que se encuentra a mi alrededor: familia, amigos, conocidos y desconocidos, de esas personas que llegan de la nada quizás para dejarnos una enseñanza. Los mensajeros, dirían algunos.

Quizás sea época de reflexión -aunque para mí siempre es necesario estar constantemente evaluando ciertos aspectos de mi vida- casi siempre los que sé que me hacen feliz y que necesito tener para seguir caminando con libertad.

La frase que disparó cientos de cuestionamientos esta vez fue una que al inicio me parecía terrible y al final me resultó poética y es por eso que la dejo entre estas líneas, por si la necesitan algún día.

“Te echaron tierra y te salieron flores”… ¿Cuántas veces nos ocurrió? ¿Qué hicimos para merecer algo tan atroz? ¿Quiénes nos hirieron y por qué razón? Siempre buscamos respuestas, aunque la realidad es que a veces ni siquiera las hay.

Todos manejamos diferente las situaciones que se nos presentan. Todos hablamos del dolor, de lo que nos costó, de cómo nos hirieron, de entender si fue o no por venganza; pero nadie habla de esa otra parte que impacta notablemente en nuestra vida: el aprendizaje que traen las desgracias, lo que no nos merecíamos pero que, como quiera, nos ocurrió.

Recuerdo la serenidad de mi padre ante las adversidades, la seguridad, la fortaleza, pero sobre todo su actitud, esa que siempre lo hizo destacar justamente por no hacer caso a lo que no nos deja algo de valor.

Y aunque los golpes de la vida a veces llegan de donde menos lo esperamos, a veces son necesarios para que florezcamos, para que aprendamos a adaptarnos, a tener otra perspectiva, para que dejemos atrás a personas que no valen la pena.

¿Para qué ir arrastrando gente que no suma nada a nuestra vida?¿Por qué entregarle nuestra energía a lo sombrío? Nadie lo merece, pero seguirá pasando. Y si alguna vez nos vuelven a echar tierra dejemos que los montones se acomoden, que se prepare el terreno para que florezcas, para que continúes siendo feliz mientras el mundo observa cómo es que te reconstruyes.

No dejes que nadie te robe sus sueños, que nadie te quite la sonrisa y que, así como la primavera, regreses solo flores a aquellos que intentan verlas marchitas. _


  • Magda Bárcenas Castro
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