El despertar del poder latino

Hidalgo /
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Lo ocurrido en Estados Unidos el 3 de noviembre no fue solamente una victoria demócrata: fue una sacudida política y una demostración de que comunidades históricamente relegadas pueden convertir identidad y organización en representación.

Un hijo de inmigrantes mexicanos, Xavier Becerra, gobernará California; Gina Hinojosa será la primer mujer latina al frente de Texas; y el cantante tejano Bobby Pulido recuperó para los demócratas el distrito 15 fronterizo, que Trump había ganado por 18 puntos en 2024. En Nuevo México, Deb Haaland, integrante de Laguna Pueblo, será la primera mujer indígena gobernadora de un estado; Peggy Flanagan, de la nación Ojibwe, será la primera mujer indígena en el Senado. En Massachusetts, Maura Healey, primera gobernadora declaradamente lesbiana del país, obtuvo la reelección. La representación refleja mejor la diversidad social.

Texas ofreció otra señal histórica. James Talarico derrotó a Ken Paxton y será el primer demócrata elegido senador por ese estado desde 1988. Fue una de las contiendas más costosas de la historia: Elon Musk aportó al menos 168 millones de dólares a comités que respaldaron a Paxton, y el gasto externo favorable al republicano y contrario a Talarico superó los 200 millones; les hizo aprender por la mala el impulso del Tala”Rico, suave”. Aun así, perdió Paxton. Ni el dinero, ni la propaganda ni las campañas de miedo frenaron una movilización que recordó una verdad elemental: -el pueblo unido jamás será vencido-.

La comunidad latina de Texas respondió a un clima de amenazas, redadas y hostilidad contra los migrantes. Lo que se esperaba que produjera miedo terminó alimentando indignación y conciencia cívica. No puede gobernarse de espaldas a millones ni convertir su origen en motivo de persecución.

Vimos familias separadas, padres detenidos frente a sus hijos, muertes bajo custodia migratoria y hogares fracturados por políticas crueles. Ninguna política de seguridad justifica tal deshumanización. También cuestionamos nuestra pasividad. Hoy una nueva generación, incluidos los llamados “No Sabo Kids”, reivindica sus raíces y convierte el orgullo cultural en participación. No hay datos para medir su incidencia electoral, pero expresa un innegable despertar.

El mensaje rebasa Estados Unidos. En Brasil, Lula volvió a imponerse en una inédita segunda vuelta cerradísima; en Israel, finalmente el terrorista Netanyahu recibió un coscorrón electoral, en otras latitudes, movimientos ciudadanos cuestionan a gobiernos y élites. No todos esos procesos son victorias de la izquierda, pero muestran sociedades que disputan su futuro.

México también tiene algo que aportar: la organización popular y el humanismo mexicano ponen en el debate la obligación de que el Estado priorice el bienestar colectivo sobre los grandes capitales. Eso exige reconocer errores y mantener la autocrítica que nos permita mantenernos como el bastión de la resistencia a la avasallante embestida imperialista en el continente americano y modelo en otras latitudes.

Los demócratas recuperaron ambas cámaras del Congreso, e impondrán contrapesos a Trump durante la segunda mitad de su mandato. Habrá investigaciones y mayor escrutinio; hablar de renuncia o impeachment como desenlace seguro sería anticiparse a los hechos. Pero el mensaje de las urnas es contundente.

Doloroso resulta que haya sido necesario tanto sufrimiento para llegar a este despertar. Que el dolor se convierta en organización y no en resignación. Que el orgullo mexicano, hispano y latino se traduzca en conciencia, participación y representación.

El Latino Power ya existe. Ahora toca ejercerlo. Nuestra dignidad no se negocia, nuestra identidad no se esconde y nuestro futuro no se pide prestado.


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