Guerra lejana, consecuencias cercanas

Hidalgo /

Mientras los misiles cruzan entre Irán e Israel con el respaldo de Estados Unidos, se insiste en presentar el conflicto como algo lejano. No lo es. Las guerras de las potencias siempre terminan cobrándose en los mismos cuerpos: los de quienes migran y trabajan sin margen de error y sin otra opción.

La escalada reciente confirma que no se trata sólo de seguridad, sino de control energético y poder global. Pero hay una dimensión menos visible: el impacto que esta guerra ya está trasladando a millones fuera del frente.

En Estados Unidos, donde viven millones de paisanos mexicanos, los efectos comienzan a sentirse; baste ver como el encarecimiento del petróleo eleva el costo de vida y golpea directamente a quienes sostienen sectores como el campo, la construcción y el transporte. Para muchos migrantes, eso significa menos dinero para vivir y para enviar a sus familias.

La historia se repite: cada guerra exterior genera presión interna y en eso la nación gringa es experta; más gasto militar, menos inversión social; más tensión, más control. En ese contexto, el migrante vuelve a ser visto como problema y no como parte esencial de la economía.

Y no sólo ocurre con los mexicanos. En Europa, países como Italia resienten el impacto energético con fuerza. El aumento de costos presiona economías ya frágiles y el descontento suele dirigirse hacia los más vulnerables: trabajadores precarios y comunidades migrantes.

Así, una guerra lejana termina afectando la vida cotidiana en ciudades y comunidades a miles de kilómetros. No hay distancia cuando las decisiones de unos pocos impactan a millones que no participaron en ellas.

Lo que está en juego no es sólo un conflicto militar, sino un orden desigual donde las potencias deciden y las mayorías pagan.

Al final, las guerras no sólo se pelean en el frente, también se viven en los hogares donde cada vez alcanza menos y en las fronteras que se vuelven más duras.

Y ahí, lejos de los discursos oficiales, la población en general y especialmente nuestros migrantes, también libran otras batallas, la de la incertidumbre, la de la angustia, la de la desesperación, la de la impotencia y la del miedo.


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