En política, aspirar es legítimo. Lo que no lo es, es colocar los intereses personales por encima de la responsabilidad con quienes confiaron en nosotros.
Hidalgo atraviesa una etapa que merece ser reconocida. El primer gobierno de la transformación en el estado ha logrado avances importantes en inversión, crecimiento económico, infraestructura, bienestar social, gran disciplina fiscal y generación de empleos. Estos resultados muestran que Hidalgo comienza a superar rezagos históricos y a ocupar un lugar muy distinto en el mapa económico nacional.
Este esfuerzo no pertenece a una sola persona. Es resultado del trabajo de miles de servidores públicos, empresarios, trabajadores y, sobre todo, de un gobierno con un fuerte liderazgo que ha construido condiciones para impulsar el desarrollo.
Quienes participamos desde el origen de este movimiento sabemos que la transformación comenzó mucho antes de ocupar cargos. Comenzó cuando ser de izquierda significaba organizar, convencer y sostener una causa solo por convicción, sin la certeza de obtener algo a cambio.
Por eso debemos recordar una regla básica: la primera lealtad de quien ocupa un cargo público es hacia el pueblo. No hacia su próxima candidatura o un interés personal.
Quienes provenimos de la izquierda y participamos en la construcción original de Morena tenemos una responsabilidad adicional: honrar los principios que dieron origen al movimiento. Podemos tener diferencias, aspirar a otros espacios y competir democráticamente. Lo que no debemos hacer es convertir el cargo en plataforma electoral ni utilizar las responsabilidades públicas para adelantar disputas internas.
También debemos mantener una lealtad institucional y ética hacia quien encabeza actualmente el gobierno de Hidalgo. Esto no significa renunciar a la crítica ni aceptar decisiones equivocadas. Significa respetar la investidura, el mandato popular y al primer gobernador surgido de este proyecto de transformación en el estado. La crítica puede coexistir con la lealtad; la lealtad no significa servilismo.
Morena también tendrá que demostrar su lealtad con la militancia de cara a 2027. Las candidaturas deben definirse con reglas claras, transparencia, piso parejo y respeto a quienes construimos el movimiento cuando no había cargos, presupuesto ni garantías de triunfo.
Las puertas del partido deben permanecer abiertas, pero eso no puede significar desplazar a quienes estuvieron desde el principio para favorecer a quienes aparecen cuando las posibilidades de ganar son mayores.
La democracia interna no puede ser un discurso para las plazas y una excepción al momento de definir candidaturas, y menos a favor de tránsfugas y chapulines.
Hidalgo necesita servidores públicos concentrados en resolver sus problemas, no políticos obsesionados con asegurar su futuro personal.
Quienes aspiramos a seguir sirviendo debemos entenderlo: el cargo es temporal, la candidatura es circunstancial y el poder es prestado. Lo único permanente es la obligación de responderle al pueblo.
Ese debe ser el principio y también la regla.