La batalla por las colonias

Ciudad de México /
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En la Zona Metropolitana de Guadalajara se vive una batalla sobre el destino de la ciudad. Por un lado hay desarrolladores inmobiliarios, y por el otro vecinos que buscan mantener un estilo de vida para la metrópoli, y cuidar el patrimonio histórico y social de nuestro entorno.

Es difícil ver el tema en blanco y negro, pero los grises son muy pocos.

La más reciente afrenta contra la ciudad fue derruir una vieja vivienda en la calle José Guadalupe Zuno. La demolición se hizo mediante un juicio administrativo donde un magistrado falló en favor del constructor. He dialogado en semanas recientes con vecinos de la zona, y todos tienen puntos de vista interesantes y conciliatorios. Es cierto que la pasión suele aparecer en estos temas, pero qué seríamos sin pasión de uno u otro lado de la trinchera.

Vale la pena repensar lo que ocurre. Guadalajara necesita repoblarse. Y Zapopan y otros municipios siguen en franco desarrollo. Pero a veces parece que es un asunto desigual. Se demuelen casa antiguas sin ninguna contemplación, y se construyen edificios bonitos, pero lejanos a lo tradicional de una zona.

Pongo por ejemplo las colonias Americana y Lafayette, un polígono que va desde Federalismo hasta Francisco Javier Gamboa y donde los constructores de enormes edificios son capaces de saltar cualquier reglamento para hacerlo.

Los vecinos piden diálogo no sólo con el ayuntamiento, sino que también con los desarrolladores. Encontrar puntos de acuerdo para evitar demoler casas tradicionales; para construir con sentido social; para adecuar estilos y no meter con calzador mega edificios en zonas de viviendas de uno o dos pisos. Y lo más importante: respetar las densidades de población.

Guadalajara, dicen quienes saben, es bonita por su fisonomía arquitectónica. Romper barrios y colonias con moles de concreto y acero atenta contra todos.

Espacio me falta para plantear el tema no sólo de arquitectura, sino de sentido común. Nadie puede ni quiere vivir junto a una obra que trabaja 18 horas al día, y trastoca la tranquilidad.

Se necesita que la autoridad sea firme; los vecinos sean propositivos; y que los desarrolladores no sólo pienses en ganancias exhorbitantes. 


  • Manuel Baeza
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