Desde mi punto de vista, la inflación en México se encuentra por arriba de lo deseable, pero no está fuera de control. El Banco de México ha demostrado durante muchos años un manejo responsable y prudente de la política monetaria, en la cual la tasa de interés es una de sus herramientas más importantes. Por ello me atrevo a afirmar que el banco central ha actuado de manera adecuada en la conducción de la tasa de referencia en nuestro país.
La inflación responde a múltiples factores, por lo que siempre es difícil proyectarla con precisión. En el caso de México, es importante reconocer que una parte relevante de la inflación es importada y otra es consecuencia de los precios que el propio sector público determina dentro de la economía. Un ejemplo claro es el incremento reciente en el precio del petróleo, que no necesariamente representa una buena noticia para México, como todavía algunos piensan.
Hoy somos deficitarios en la balanza energética, ya que importamos más gasolinas y productos derivados de petróleo de los que exportamos en crudo. Este factor, sin duda, representa una presión inflacionaria adicional sobre la economía nacional y en ese frente hay poco margen de acción para el Banco de México.
El impacto final dependerá en buena medida de la decisión que tome el gobierno federal. Puede optar por reducir el impuesto a los combustibles para contener los precios, lo cual presionará las finanzas públicas, o trasladar el incremento al consumidor, lo que impactará directamente la inflación. Como este ejemplo existen varios más que muestran la complejidad del entorno inflacionario actual.
A pesar de que la inflación se mantiene por encima del rango objetivo del Banco de México, que es de 3 por ciento con un intervalo de variabilidad de más menos un punto porcentual, y actualmente se ubica alrededor de 4.63 por ciento, considero que el fenómeno se encuentra relativamente bien controlado. Es posible que en las próximas semanas continúen algunas presiones derivadas del conflicto en Medio Oriente y del comportamiento de los energéticos, pero estimo que éstas tenderán a moderarse hacia la segunda mitad del año. En lo personal, considero factible que cerremos 2026 con una inflación en un rango de entre 4 y 4.25 por ciento.
En lo que corresponde a su mandato, el Banco de México seguramente seguirá actuando con responsabilidad. Sin embargo, el gobierno también tendrá que contribuir mediante decisiones prudentes en materia de precios administrados y tarifas públicas, así como con una política de gasto austera y ordenada. Ser cuidadosos en el gasto corriente resulta fundamental en el entorno actual.
En función de lo anterior, me atrevo a señalar que la inflación en México está controlada, aunque existen señales de riesgo que será importante atender de manera oportuna para evitar presiones mayores en los próximos meses.