El miércoles 16 de septiembre la Reserva Federal de Estados Unidos decidió subir la tasa de interés en un cuarto de punto, para llevarla a un rango de 3.75 a 4 por ciento. Fue la primera alza desde 2023 y, aunque normalmente un incremento en las tasas no es una noticia que guste a los mercados, esta vez la reacción terminó siendo favorable.
¿Por qué? Creo que la respuesta está en una palabra que para los inversionistas vale muchísimo: certeza.
Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, mandó un mensaje muy claro desde el inicio de su gestión: la prioridad es combatir la inflación y la política monetaria no estará subordinada a las preferencias políticas de la Casa Blanca.
Con una inflación que continúa elevada, precios de energía por encima de lo deseable y una economía estadunidense que mantiene fortaleza, dejar las tasas sin cambio habría generado dudas sobre la determinación de la Fed. En cambio, la decisión unánime de aumentar 25 puntos base reafirmó el compromiso del banco central con la estabilidad de precios.
Y el mensaje fue todavía más lejos. Las proyecciones de la propia Reserva Federal muestran que la gran mayoría de sus miembros contempla cuando menos un incremento adicional antes de terminar 2026.
Los mercados entendieron el mensaje. Después de una primera reacción negativa el miércoles, el jueves las bolsas estadunidenses respondieron con fuerza. El S&P 500 avanzó más de 1 por ciento y el Nasdaq cerca de 1.7 por ciento. Al mismo tiempo, el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años, que había superado la barrera de 5 por ciento, retrocedió de nuevo por debajo de ese nivel.
Esto es importante. Los mercados no están celebrando tasas más altas. Están celebrando que existe una institución dispuesta a actuar para evitar que la inflación se salga de control.
No hay peor enemigo para un inversionista que la incertidumbre. Una tasa más alta tiene costos: encarece el crédito, presiona valuaciones y puede desacelerar la economía. Pero una inflación persistente y un banco central que pierda credibilidad son un problema mayor.
Todavía falta mucho por definirse. El precio del petróleo será una de las variables más importantes durante los próximos meses. Mientras permanezca por encima de 100 dólares por barril, seguirá representando una presión relevante sobre los precios y sobre las decisiones de los principales bancos centrales. Por eso, la batalla contra la inflación todavía no está ganada.
La Fed recordó por qué sigue siendo una de las instituciones financieras más importantes del mundo. Warsh inició una etapa complicada. Tendrá que combatir la inflación, cuidar el crecimiento económico y, al mismo tiempo, defender la autonomía de la Reserva Federal. Por ahora dio un primer paso importante.
Los mercados no aplaudieron el alza de tasas, sino la certeza de que la Fed está dispuesta a hacer su trabajo.