El Paquete Económico 2027 no encendió las alarmas. Los mercados lo recibieron con tranquilidad, el peso prácticamente no reaccionó y los supuestos económicos son más realistas que los presentados meses atrás. Eso es positivo. Pero no debemos confundir estabilidad con fortaleza.
Hacienda estima que México crecerá alrededor de 2 por ciento en 2027 y plantea reducir los Requerimientos Financieros del Sector Público de 4.1 a 3.9 por ciento del PIB. Es una mejora, pero pequeña. La consolidación fiscal que México necesita vuelve a avanzar más despacio de lo previsto.
El problema no está sólo en cuánto gastamos, sino en cuánto cuesta sostener lo que ya tenemos. El servicio de la deuda alcanzaría 1.57 billones de pesos, cerca de 4 por ciento del PIB. Para dimensionarlo: aproximadamente uno de cada cuatro pesos recaudados vía impuestos terminaría destinado al costo financiero de la deuda. Y mientras más recursos se utilizan para pagar intereses, menos quedan disponibles para infraestructura, inversión y crecimiento.
A esto se suma una presión que seguirá aumentando: las pensiones y el gasto obligatorio. Son compromisos que deben cumplirse, pero que reducen año con año el margen de maniobra del gobierno.
Para 2027 todavía se preserva la inversión pública, que llegaría a 2.6 por ciento del PIB. El problema aparece después: las propias proyecciones de Hacienda anticipan que podría caer a 1.8 por ciento en 2028 y continuar disminuyendo hacia los siguientes años.
Del lado de los ingresos, la apuesta también es exigente. No habrá nuevos impuestos, pero sí una fiscalización considerablemente mayor, restricciones a ciertas deducciones y el objetivo de llevar la recaudación tributaria a máximos históricos.
Puede funcionar. Pero una estrategia fiscal no debe depender de que prácticamente todo salga conforme a lo previsto.
Si la economía crece menos de 2 por ciento, si la recaudación decepciona o si las tasas permanecen elevadas durante más tiempo, las opciones se reducen con rapidez: recortar inversión, aceptar un déficit mayor o contratar más deuda.
México no enfrenta una crisis fiscal y es irresponsable afirmar lo contrario. La deuda todavía es manejable y existe tiempo para corregir la trayectoria; sin embargo, justo ahí está el punto.
Los problemas fiscales rara vez comienzan cuando un país se queda sin dinero. Comienzan cuando cada año tiene menos libertad para decidir qué hacer con él.
El Paquete Económico 2027 mantiene el equilibrio. El verdadero desafío será evitar que mantenerlo sea cada vez más caro.