Qué pasa en la economía mexicana

Ciudad de México /

Me sorprende mucho lo que observo en México en relación a cómo van las cosas y nuestra economía, encuentro dos visiones muy distintas: una son todos los datos económicos con que contamos, y que nos dicen que crecemos muy poquito (probablemente 0.6 por ciento en 2025), y  para el año entrante la expectativa, a pesar de ser un poco mejor, no es para festejar, ya que espera entre 1 y 1.3 por ciento.

El dato también viene acompañado con una fuerte caída en la inversión fija bruta, un consumo con bajo crecimiento en un entorno de inflación que no termina por ceder y un empleo formal con poco desarrollo; todo esto envuelto en cuentas públicas presionadas, porque el déficit sigue siendo alto, y el endeudamiento público sí es una enorme carga, porque en términos absolutos la deuda y su servicio son muy pesados  para las finanzas públicas.

La otra corriente es una realidad que no concuerda con los números; se siente mucha fuerza en actividades económicas importantes. Los vuelos están llenos, los restaurantes entre más caros más éxito tienen, la demanda para boletos de espectáculos es enorme, las entradas para el Mundial de futbol con precios exorbitantes están todos sobrevendidos.

La única respuesta que veo es que es un país con una distribución del ingreso muy dispareja, pero todo envuelto en economía informal. Hay un gran número de gente que genera muchos ingresos, pero paga muy pocos impuestos, por eso tenemos la fotografía de un país que funciona, pero con un sector público con muy pocos recursos para invertir en temas esenciales como salud, educación, infraestructura, seguridad, etc.

Si no se hace algo para ir modificando la economía informal hacia la formalidad estaremos condenados a tener muy malos o nulos crecimientos, y cada vez más deficiencias estructurales que no nos permitirán lograr ser un país de primer mundo.

La fortaleza de nuestra moneda respecto al dólar, que se apreció casi 12 por ciento el año pasado y que hoy lleva un aumento de 5 por ciento no significa que el país esté bien, sino que nuestra moneda, debido a su amplia liquidez y a la alta tasa de sus rendimientos, es la favorita de los grandes financieros para aprovechar de forma especulativa esas enormes utilidades. Imagínese usted pedir prestados yenes a 1 por ciento e invertirlos a 7 por ciento en pesos, o  euros a 2 por ciento e invertirlos a 7 por ciento también en pesos. Esos flujos son los que en el corto plazo fortalecen al peso, pero ojo, en el largo plazo eso ya no se ve tan claro.


  • Manuel Somoza
  • Presidente de Somoza y Asociados by GBM. Es economista de la Universidad Anáhuac y tiene una maestría en Finanzas del Tec de Monterrey.
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