No cabe duda de que los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán tomaron a muchos por sorpresa. No es que no se supiera que las relaciones entre estos países eran tensas. De hecho, un día antes del ataque, representantes iraníes y estadunidenses negociaron en Ginebra.
Sin embargo, según la versión de las autoridades estadunidenses, las negociaciones no se tomaron con la seriedad necesaria por parte de Irán. A ello se sumó la preocupación de que su programa nuclear había avanzado mucho más de lo que se suponía, sobre todo después de que se había afirmado que sus instalaciones nucleares habían sido destruidas. Ahora parece que esa información no era del todo correcta.
El resultado es un enfrentamiento abierto entre Israel, la UE e Irán que genera preocupación en todo el mundo ante la posibilidad de que el conflicto escale y se convierta en una confrontación regional más amplia y peligrosa.
Por fortuna, aliados importantes de Irán como Rusia y China han manifestado su desacuerdo con la situación, pero hasta ahora no han tomado acciones concretas para intervenir en defensa de ese país.
Desde el punto de vista económico, la principal preocupación es una alza importante en los precios del petróleo. En particular existe el riesgo de que el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo, pueda verse afectada. Un bloqueo o una interrupción significativa del tráfico en esa zona tendría repercusiones inmediatas en los mercados energéticos y en la economía global.
En el plano político el escenario es más complejo. EU parece un cambio de régimen en Irán y una señal clara de ello es la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei .
Sin embargo, esto no implica un cambio de régimen inmediato. Es probable que en cuestión de días se nombre a un sucesor, pero no está claro quién puede garantizar una transformación política real sin que el país caiga en una guerra civil, escenario que nadie desea ver.
Irán cuenta con más de 80 millones de habitantes y ha vivido durante décadas bajo el mismo sistema político. Esto ha dificultado la formación de una oposición estructurada que cuente con los recursos, las armas y el apoyo social que necesita para impulsar un cambio de régimen.
Otro factor difícil de explicar es que, tras los ataques sufridos, Irán no haya buscado aliados regionales de manera más activa. Por el contrario, ha mantenido tensiones incluso con algunos de sus vecinos, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos o Catar. Quizás por esa razón la reacción de los mercados financieros no ha sido tan violenta.
De hecho las bolsas repuntaron y los precios del petróleo se han mantenido relativamente estables. Es probable que los mercados financieros se mantengan cautelosos. Por ahora no parece que estén anticipando una crisis profunda, pero dependerá en gran medida de cómo evolucione el conflicto en las próximas semanas.