Sin educación no puede haber desarrollo

Ciudad de México /

Siempre escribo sobre temas económico-financieros, que son mi especialidad. Sin embargo, hay factores que inciden directamente en el desempeño económico de un país, y uno de los más importantes es, sin duda, la educación.

Los países que más invierten en educación han demostrado tener mayores tasas de crecimiento, así como mejores niveles de bienestar. No es casualidad. La educación forma capital humano, y sin capital humano no hay productividad, innovación ni desarrollo sostenible.

Por desgracia, en México estamos muy rezagados en esta materia. Si nos comparamos con los países de la OCDE, ocupamos uno de los últimos lugares en desempeño educativo. Particularmente preocupante es el caso de las matemáticas: sólo 34 por ciento de los alumnos mexicanos alcanza el nivel básico, frente a un promedio de 69 por ciento en la OCDE. Este es sólo un ejemplo, pero la realidad es que en casi todas las métricas estamos reprobados.

Esto no es producto de la casualidad. La educación en México ha sido descuidada durante muchos años, pero particularmente en los últimos siete el deterioro ha sido evidente. Políticas públicas mal diseñadas, con tintes populistas, han debilitado aún más un sistema que ya enfrentaba serios retos. Decisiones como eliminar mecanismos de evaluación docente o flexibilizar los estándares académicos han contribuido a una caída en la calidad educativa.

Más allá de lo ocurrido en el pasado, lo verdaderamente preocupante es lo que seguimos viendo hoy. La reciente propuesta de ampliar el periodo vacacional de los estudiantes bajo argumentos poco sólidos refleja, una vez más, una falta de entendimiento sobre la importancia de la educación. Por fortuna, la Presidenta corrigió la situación, pero el simple hecho de que una iniciativa así haya sido planteada es alarmante.

México no puede darse el lujo de improvisar en materia educativa. Mientras otros países compiten por mejorar la calidad de su enseñanza, nosotros seguimos debatiendo medidas que van en sentido contrario.

Hoy se habla mucho de atraer inversión, de fortalecer la relación entre el sector público y privado, y de simplificar procesos para detonar el crecimiento económico. Todo eso es positivo y necesario; sin embargo, hay una realidad que no podemos ignorar: sin una población educada y capacitada, esos esfuerzos serán insuficientes.

Invertir en educación no es un gasto, es la inversión más importante que puede hacer un país. Sus resultados no se ven de inmediato, pero son los que en realidad transforman economías y sociedades.

Si queremos un México que crezca, que compita y que genere oportunidades, debemos empezar por lo fundamental. Sin educación, simplemente, no puede haber desarrollo. 


  • Manuel Somoza
  • Presidente de Somoza y Asociados, Asesor Financiero Afiliado a GBM. Economista por la Universidad Anáhuac con maestría en Finanzas por el Tec de Monterrey.
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