Antes, encontrarse con alguien podía ser tan sencillo como salir a la banqueta, sentarse en una plaza o pasar la tarde en el parque. No hacía falta organizar demasiado. Bastaba con tener un lugar donde estar.
Hoy, para ver a nuestros amigos, trabajar fuera de casa o simplemente pasar un par de horas en otro ambiente, casi siempre terminamos preguntándonos lo mismo: ¿a qué cafetería vamos?
Las cafeterías se han convertido en algunos de los espacios de convivencia más importantes de nuestras ciudades. Son lugares donde nacen amistades, comienzan relaciones, se discuten proyectos y encontramos algo que cada vez parece más escaso: la posibilidad de compartir tiempo con otras personas.
El sociólogo Ray Oldenburg llamó terceros lugares a esos espacios de encuentro informales que existen fuera de la casa y del trabajo. Son fundamentales para construir comunidad, fortalecer relaciones y desarrollar un sentido de pertenencia.
Pero existe una contradicción que vale la pena discutir: ¿qué sucede cuando nuestros principales espacios de convivencia dependen de nuestra capacidad de consumo?
Pensemos en Ciudad Victoria. ¿Cuántos lugares tenemos para reunirnos después de las seis de la tarde sin necesidad de comprar algo? ¿Cuántas plazas, parques o espacios culturales ofrecen condiciones para permanecer cómodamente, con iluminación, sombra, mobiliario y actividades?
La respuesta debería preocuparnos.
Durante años hemos tratado los espacios públicos como lugares de paso, mientras dejamos que buena parte de nuestra vida social encuentre refugio en establecimientos privados.
Y aunque las cafeterías cumplen una función social extraordinaria, resulta injusto que sobre ellas recaiga una responsabilidad que también corresponde a la ciudad.
La infraestructura social no se limita a construir edificios. También consiste en crear las condiciones para que las personas se encuentren, convivan y construyan vínculos. Una banca bajo un árbol, una biblioteca abierta por la tarde o una plaza con actividades pueden ser tan importantes para la vida comunitaria como cualquier gran obra.
Por eso vale la pena reconocer a los negocios que mantienen viva la convivencia urbana, pero también preguntarnos qué nos falta fuera de ellos.
El próximo domingo 25 de octubre, Jane’s Walk Ciudad Victoria realizará la tercera edición de su Ruta Cafetera. Caminaremos desde el Estadio Marte R. Gómez, a las 4 de la tarde, para visitar Vigilia Café, Alameda Cocina y Café y Sutil. El café será gratuito, cortesía de Jane’s Walk, y el cupo será limitado.
Será una oportunidad para conocer establecimientos locales, recorrer nuestra ciudad a pie y conversar sobre los lugares que nos reúnen.
Porque una ciudad necesita cafeterías llenas de vida, pero también espacios donde nadie tenga que revisar cuánto dinero le queda antes de decidir quedarse.
La verdadera riqueza de una ciudad también debería medirse por todos los lugares donde podemos estar sin tener que pagar por ello.