Delirio de persecución

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el delirio de persecución es una afección en la que, quien lo padece, cree que está siendo perseguido a causa de una serie de pensamientos irracionales que le hacen pensarlo. En pocas palabras, quienes sufren dicho padecimiento pueden llegar a creer que son perseguidos, vigilados, calumniados u hostigados, e intentar repetidamente obtener justicia recurriendo a la violencia como represalia por tales ideas imaginarias.

Algo similar parece ser que sufre la élite mexicana, ya que, como lo expresó en su columna de hace unos días la periodista Viri Ríos, desde que inició el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la clase alta del país se convirtió en el grupo que más discriminado se siente, pues reportó “niveles de discriminación” de poco menos del doble (29%) que la clase baja (17%), según el Latinobarómetro.

Esto, además de ridículo e irrisorio, también representa una burla para las y los más vulnerados del sistema pues, aunque la clase alta se crea o sienta discriminada –o aparentemente con delirio de persecución- la realidad en la que viven nos muestra todo lo contrario pues el sistema les beneficia.

Quizá sí se sientan más “atacados” por la constante crítica hacia ellos que ha decidido replicar el Presidente en su “mañanera”, donde no pierde oportunidad para exhibir muchas de las prácticas que injustamente ha llevado a cabo la élite –la cual ha sido posible a causa de las profundas desigualdades que atraviesa México-, pero en la práctica las cosas son muy distintas pues tienen mayor control sobre la economía e incluso Morena no ha querido cambiar las reglas del juego para –verdaderamente- hablar de que son “discriminados”.

Al contrario, desde la llegada de Morena al poder, dicho partido ha mostrado muy poco interés en la distribución de la riqueza, incluso la política social implementada por este en el poder generó que pasáramos a tener casi 4 millones de personas más en pobreza y pobreza extrema, mientras que los ricos se vuelven más ricos (el 10% de los más ricos, concentra el 57% de los ingresos totales del país; en cambio, el 50% de los más pobres, apenas poseen el 9%).

Incluso la mayoría de los mexicanos no tienen interés en exigir una mejor distribución de la riqueza, pues de acuerdo al informe de Latinobarómetro, el 23% de las clases bajas piensa que la distribución del ingreso en México es muy injusta, y como lo menciona Viri en su columna, un porcentaje aún menor se dice no estar dispuesto a protestar por ello (21%) y un 7% ni siquiera piensa o está dispuesta a llevar a cabo acciones directas como el saqueo o vandalismo.

Sin embargo, menciono esto porque lo más peligroso de que los más ricos tengan ese sentir es que lo han llegado a vincular con ideas cada vez más conservadoras, viendo el autoritarismo o los gobiernos militarizados mucho más convenientes para manejar al país (o mejor dicho, para no perder sus intereses).

Y no lo digo yo, sino el mismo reporte del que les he estado hablando, el cual menciona que la élite mexicana veía con mejores ojos la democracia durante los sexenios de Felipe Calderón y Peña Nieto, pues menos del 17% prefería el autoritarismo y el 62% se decía simpatizante de la democracia.

No obstante, esto cambió con la llegada de AMLO al poder, ya que ahora el 48% de la población con mayor poder adquisitivo cree en un gobierno autoritario y un 55% apoya un régimen militar, cifras con las que espero no ser la única alarmada, pues estaríamos hablando de la posibilidad de un futuro gobierno de “ultraderecha”, tomando en cuenta que es precisamente la élite quien controla o tiene mayor influencia en las decisiones que se toman en México. _

  • Marcela Brown
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