Estos últimos días hemos podido ser partícipes de múltiples sucesos de gran importancia que han tenido cabida durante las olimpiadas, de los cuales, la mayoría de sus protagonistas han sido mujeres.
Empezando por el gran ejemplo que nos dieron, la gimnasta Simone Biles y la tenista Naomi Osaka, al abandonar la competencia priorizando su salud mental, ayudando a visibilizar la importancia y la urgencia de que se cuente con protocolos para cuidar de la salud mental de las y los deportistas.
Demostrándonos también, que nada es más importante, ni siquiera los juegos olímpicos, que nuestra salud y bienestar, mensaje que ojalá llegue a todas las personas que han podido dar seguimiento de dichas competencias, pues muy poco se habla y se sabe de un tema tan relevante como lo es la salud mental.
Otro de los sucesos que más me han emocionado y por el que he visto de cerca lo que ha ocurrido estos días en las olimpiadas, tomando en cuenta que no me gustan mucho los deportes, es la valentía y el coraje con el que las deportistas del equipo de balonmano de Noruega, encararon a la Federación encargada de los juegos olímpicos al negarse a usar el uniforme reglamentado por motivos de hipersexualización.
Respecto a esto último, cabe mencionar que fue una noticia que dió mucho de qué hablar, pues las jugadoras fueron avisadas que serían sancionadas en caso de incumplir con el reglamento, en lugar de recibir el apoyo de parte de las autoridades, pues se trata de un tema que ya había sido expuesto con anticipación y criticado en juegos olímpicos anteriores, ya que la diferencia de los uniformes entre hombres y mujeres de las distintas categorías es muy obvia y nada justa.
Mientras los deportistas hombres han tenido la oportunidad de utilizar trajes más cómodos, las mujeres deportistas (incluso de los mismos deportes que los hombres) lo han hecho con trajes diminutos que solo ayudan a su cosificación e hipersexualizaxión por parte de los medios de comunicación y de la sociedad espectadora.
Aún con el aviso de que serían sancionadas, las jugadoras de balonmano decidieron llevar el uniforme que para ellas era el más justo a pesar de ser multadas, sin embargo, ante este acontecimiento, la cantante Pink se ofreció a pagar la multa, mencionando que se sentía orgullosa de la acción tomada por las atletas como protesta, sentimiento que comparto pues creo que esto que ocurrió con las deportistas noruegas, es el paso que se necesitaba para que las autoridades encargadas de los juegos olímpicos, e incluso de cualquier competencia deportiva, empiecen a generar las condiciones dignas para las mujeres que se desenvuelven en los deportes.
Tal vez parezca un suceso menor, pero no lo fue ni lo es, pues se trata de una llamada de atención para que las mujeres seamos valoradas por lo que somos y por nuestros talentos y no por nuestra apariencia física o lo que llevemos puesto, que dicho sea de paso, la ropa es uno de los factores por los que también se nos hipersexualiza.
También la excelente participación que han tenido las atletas Momiji Nishiya, Rayssa Leal y Funa Nakayama, quienes nos demostraron que las niñas no solo necesitan referentes deportivos o de cualquier otro ámbito, sino que también pueden serlo.