Una ciudad sin autos

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“Nos estamos dando cuenta que si más gente camina y usa la bicicleta, tienes una ciudad más viva, habitable, atractiva, segura, sostenible y saludable. ¿Qué estás esperando?” dice Jan Gehl, arquitecto y urbanista entusiasta de las ciudades, en una de las frases que más me gustan de él, ya que menciona una realidad por la que cada vez apuestan más ciudades mexicanas.

Y es que, aunque el avance en nuestro país hacia una movilidad sustentable es más lento de lo que quisiéramos, es evidente que cada vez hay más personas que están decidiendo hacer un cambio disruptivo en la forma en que se transportan por la ciudad, eligiendo medios más amigables con el medio ambiente como la bicicleta, el transporte público o la caminabilidad.

Algunas de esas elecciones fueron tomadas a raíz de la pandemia, debido al incremento y mejoramiento de la infraestructura peatonal y ciclista por parte de los gobiernos locales, quienes han decidido apostarle a esos medios de transporte para evitar contagios, tal como ha sucedido en urbes como Mérida, San Luis Potosí, León, Monterrey y Culiacán, por mencionar algunas.

Y otras se han dado por el simple hecho de mejorar la salud o por generar un ahorro económico, pues comparado con el automóvil privado, los tres medios de transporte antes mencionados, son mucho más baratos y menos contaminantes, además de que incentivan a dejar el sedentarismo, lo cual mejora la salud.

Personalmente, desde que inició la contingencia sanitaria yo había dejado de utilizar el transporte público para moverme de mi casa al trabajo, por temor a un contagio, debido a que en mi ciudad existen muy pocas acciones y estrategias para reducir los riesgos de este tipo en las unidades de transporte.

Sin embargo, por motivo del “Día mundial sin auto”, el cual se conmemora el 22 de septiembre de cada año, me animé a regresar como usuaria del mismo para evitar contaminar lo menos posible en cada uno de mis viajes, aprovechando la fecha también para retar a algunos de mis conocidos a hacer lo propio y lograr reducir el uso del automóvil.

A pesar de que la gran mayoría de las personas no celebraron el día dejando su automóvil, la fecha nos sirve a muchos activistas, colectivos y organizaciones civiles preocupadas por los problemas de movilidad, para recordarle a las autoridades y a la sociedad civil en general que es urgente ir reduciendo el arraigo que muchos tienen hacia el carro.

Cada viaje menos en automóvil, es una emisión menos de dióxido de carbono, menos ruido, menos tráfico y se genera una mayor conexión con la ciudad. Por eso me parece que el haber participado e invitado a más personas a participar no fue un asunto menor, pues cada acción emprendida al respecto fue una valiosa aportación que nos acerca un poco más a la meta a la que debemos llegar: ciudades con menos autos y más personas viviendo la ciudad a través de sus calles.

Aún falta mucho por hacer y el reto sin auto debería ser permanente y no de un solo día, pero recuerden que “Roma no se hizo en un día” y todos debemos ser partícipes de alguna manera en los cambios que queramos lograr en torno a la movilidad. Por eso los reto a que todos sigan dejando de usar sus automóviles por un día y cambiarlo por otro medio que le aporte muchos más beneficios a la ciudad y a su salud.

Así, hasta que se nos haga costumbre, sin importar que no sea el día mundial sin auto, a fin de lograr más ciudades sin ellos y sin las externalidades que éstos producen, las cuales nos afectan a todos.

  • Marcela Brown
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