Del “no somos iguales” al “negocio moreno-familiar, S.A. de C.V.”

  • Torre Azul
  • Marcelo Torres Cofiño

Laguna /

En campaña, Morena repite como mantra que “no queremos el poder por el poder, sino para servir al pueblo”. 

En los hechos, lo que vemos es otra cosa: un club cada vez más nutrido de amigos, familiares y aliados que convierte la cercanía con el poder en contratos, notarías convenientes y negocios súbitamente prósperos. 

No es un accidente. Es, más bien, un modelo de negocios con discurso social.

El caso del exfutbolista Giovani Dos Santos ilustra bien el mecanismo. 

Una investigación periodística documentó que, tras retirarse, se convirtió en socio y administrador único de Procura de México, empresa creada en 2023 en una notaría tabasqueña vinculada al círculo de Adán Augusto López. 

Sin experiencia previa en el sector energético, la compañía obtuvo en 2024 un contrato con Petróleos Mexicanos por 13.7 millones de dólares para suministrar productos químicos de la marca TATI, registrada por el propio Dos Santos un año antes. 

Todo, curiosamente, después de expresar su apoyo a la campaña de Claudia Sheinbaum. De la cancha al contrato millonario, con escala técnica en la Notaría correcta.

Algo similar ocurre en el entorno de Andrés López Beltrán. Investigaciones han documentado que un grupo de amigos cercanos obtuvo contratos por más de 100 millones de pesos mediante una red de empresas que simulan competencia entre sí. Sus negocios incluyen obras en Texcoco y proyectos para Conagua y Sedatu. 

No son emprendedores que “la rompieron”; son los amigos del hijo del presidente jugando con ventajas que ningún ciudadano común encuentra cuando toca la puerta de una dependencia.

La lista sigue. Ahí está Felipa Guadalupe Obrador Olán, prima del entonces presidente, cuyas empresas recibieron contratos de Pemex por más de 365 millones de pesos hasta que el escándalo obligó a recular. 

O Rodrigo Gutiérrez Mueller, señalado como cuñado del mandatario, quien en seis años armó una red empresarial en sectores tan diversos como hidrocarburos, agronegocios y transferencias de dinero. 

Aunque no se documentaron contratos públicos directos, el dato relevante es otro: mientras se prometía erradicar el influyentismo, los círculos cercanos al poder florecían en sectores altamente regulados.

Y alrededor de estos casos, reportajes señalan una red de empresas creadas en la Notaría ligada a Adán Augusto López, una suerte de incubadora donde algunas compañías pasan, con sorprendente facilidad, de la constitución al contrato. 

En paralelo, informes nacionales e internacionales describen a familiares de figuras morenistas disfrutando de viajes y lujos difíciles de conciliar con los ingresos de cualquier “servidor del pueblo”.

Morena llegó prometiendo el fin del partido de los privilegios. 

Lo que hoy vemos es el mismo guion, con distinta camiseta: exfutbolistas convertidos en proveedores de Pemex, amigos del hijo presidencial con obra pública asegurada y empresas que nacen con estrella… o con padrino.

Quienes creemos en la democracia no podemos normalizar que el poder sea la vía rápida hacia la riqueza. 

México no necesita más historias de éxito fabricadas en oficinas públicas; necesita reglas claras, licitaciones abiertas y autoridades que, en lugar de hacer negocios con los suyos, tengan la decencia de investigarlos.

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