La manzana envenenada de la DEA

  • Torre Azul
  • Marcelo Torres Cofiño

Laguna /
Únete al canal de Milenio

Hay elogios que acarician y otros que envenenan. El que Terry Cole, director de la DEA, dedicó a Omar García Harfuch pertenece claramente a la segunda categoría. 

Lo llamó “socio de confianza” y “buen amigo de Estados Unidos”; destacó su disposición para compartir inteligencia, perseguir criminales, interrumpir cadenas de suministro y desmantelar organizaciones completas. 

En cualquier otro gobierno sería una felicitación. En Morena puede convertirse en una declaración de guerra interna.

La propia presidenta Claudia Sheinbaum detectó inmediatamente el problema y acusó a la DEA de tener un “doble discurso”: por un lado elogia a su secretario de Seguridad y, por otro, acusa vínculos entre políticos mexicanos y el narcotráfico. La pregunta es si realmente hay contradicción. 

¿Y si Washington está diciendo exactamente lo mismo en ambos casos? ¿Y si su mensaje es que no confía en todo el gobierno mexicano, pero sí confía en Harfuch?

Ahí está la manzana envenenada.

Porque Morena comienza a mostrar una división cada vez más difícil de esconder. 

De un lado están quienes entienden su identidad política como lealtad prácticamente religiosa a López Obrador; del otro, quienes llegaron o permanecen en el gobierno por su capacidad técnica, sus resultados o su cercanía con Sheinbaum. 

Es cada vez más fácil reconocer aesos dos grupos dentro del oficialismo y es claro a cuál pertenece el secretario. Harfuch ya conoció en 2023 el veto del obradorismo más duro y hoy, aunque se le reconozca como un extraordinario funcionario de seguridad, hay quienes prefieren imaginarlo secretario perpetuo antes que candidato presidencial.

Y es que 2030 parece lejano solamente para quienes no conocen a los carroñeros que hacen vida en Morena. 

Harfuch tiene exposición nacional, resultados que presumir y una relación privilegiada con Washington. Reuters lo ha señalado como una figura con creciente peso político y potencial en la sucesión. 

Ahora agreguemos que mientras personajes estrechamente vinculados al obradorismo como Adán Augusto, Rocha, Marina del Pilar, Mario Delgado, Rocío Nahle y, por supuesto, los hijos del expresidente enfrentan, con distinto grado de sustento, investigaciones, señalamientos, acusaciones o sanciones migratorias estadounidenses —sin que ello equivalga por sí mismo a demostrar culpabilidad—, Harfuch recibe aplausos de la DEA.

Imaginen la “tranquilidad” que eso debe producir en Palenque.

Pero todavía falta otro invitado incómodo: las Fuerzas Armadas. Durante el sexenio anterior acumularon funciones, presupuesto y espacios de poder hasta convertirse en actores centrales de la seguridad nacional. 

Harfuch representa el movimiento contrario: reconstruir capacidades civiles de investigación e inteligencia. Associated Press documentó desde 2025 la conformación de una fuerza civil especializada bajo su conducción. 

Y también se reportaron resistencias militares a reformas que fortalecían precisamente esas atribuciones de la Secretaría de Seguridad. 

Si ahora, además, el interlocutor predilecto de las agencias estadounidenses resulta ser Harfuch, no hace falta demasiada imaginación para comprender que algunos uniformes deben sentirse incómodos.

Por eso Terry Cole no le entregó solamente un elogio a García Harfuch. 

Le entregó protagonismo, legitimidad internacional y, probablemente sin ignorarlo, una bomba para la política mexicana.

Porque cuando la DEA proclama frente al mundo: “en este hombre confiamos”, la pregunta verdaderamente incómoda no es por qué confían en Harfuch; sino ¿en quiénes no confían y por qué?

Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite