Hay libros que, aunque fueron escritos hace décadas, recuperan vigencia cuando en estos momentos en nuestro país la política atraviesa momentos de incertidumbre. Me refiero a un clásico de la ciencia política: Elogio de la Traición, de Denis Jeambar y Yves Roucaute.
El fondo del libro es el arte de gobernar, partiendo de la idea de que no toda traición es condenable, porque hay ocasiones en que romper una promesa o una alianza puede ser necesario para modificar el rumbo de las cosas.
Sin embargo, hay que saber distinguir cuando se trata de una traición política y otra muy distinta es la traición al interés nacional. Me explico: En democracia se pueden tener diferencias profundas, pudiendo simpatizar con el PAN, el PRI, el PT o cualquier fuerza política, y estar de acuerdo o en desacuerdo con la Presidenta, con una gobernadora o con un dirigente partidista – esto es parte de la democracia-, y no debería estar sujeto a preferencias partidistas, sino a México.
Por lo anterior, resulta preocupante que en medio de la compleja relación que se tiene con Estados Unidos, aparezcan señalamientos y revelaciones sobre actores políticos mexicanos que habrían recurrido a agencias estadounidenses, proporcionando información o buscando su intervención para enfrentar problemas que deben resolverse en nuestras propias instituciones.
En las últimas semanas se han conocido revelaciones que obligan por lo menos a hacer preguntas, como son los casos de las gobernadoras de Chihuahua y Baja California. La primera, que reconoció que existe intercambio de información con agencias estadounidenses, y recientemente la gobernadora de Baja California, que a través de grabaciones habla de la posibilidad de proporcionar información en materia de seguridad. También han circulado versiones periodísticas sobre el exfiscal para casos delicados que fue cesado de su encargo por la presunción de un manejo irregular de la información a agencias estadounidenses.
El caso del dirigente nacional del PRI, merece una reflexión aparte. Un dirigente político puede cuestionar al gobierno denunciando lo que considere injusto, y recurrir a las vías legales, pero cuando un político se siente acorralado por el desafuero, la salida no es buscar que una potencia extranjera intervenga en los asuntos internos de su país.
Si existen políticos, funcionarios, empresarios, vinculados con delitos graves, y se cuenta con pruebas suficientes, este gobierno debe actuar deteniendo y procesando a los responsables y cuando jurídicamente corresponda, recurrir a la extradición, lo cual no debilita nuestra soberanía, por el contrario, demuestra que México tiene la capacidad de hacer cumplir la ley.
La política puede admitir la ruptura de alianzas, el cambio de posiciones traicionando a un partido o a un proyecto político, pero lo que no se puede traicionar es a México, porque al final del día, cuando termina la disputa partidista y los políticos dejan de ocupar posiciones, solo queda algo en lo que debemos estar conscientes: Que a México le vaya bien.