Omisiones en la educación del joven

  • Educación y Sociedad
  • María Doris Hernández Ochoa

Tamaulipas /
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En algunas escuelas, sobre todo de carreras técnicas o para ocuparse en actividades de esa naturaleza en calidad de operarios o especializados en labores prácticas con objetivos “útiles”, olvidan que el estudiante es un ser en formación no sólo para esos objetivos, porque está dotados naturalmente de recursos únicos del ser humano: razón, creatividad y espiritualidad… y no sólo para que aprenda a hacer “algo útil”.

Contra este tipo de educación, varios pensadores se han unido en crítica apelando a la potencialidad humana y la obligación del maestro en estimular su otro yo capaz y con proyectos de grandeza.

Contrario al utilitarismo, un educador italiano defendió la tesis de que una formación enfocada únicamente hacia lo útil, no permitía al ser humano un desarrollo completo de sus posibilidades. Se trata de Guiseppe Lombardo Radice, que trabajó con estudiantes hasta 1939, año en que falleció.

Afirmó que la educación bien entendida “implica descubrimientos y creación continua y ha de atender a los valores estéticos y a la actividad, los gustos y los intereses del estudiante”.

Cuando éste se sumerge en su preparación, el maestro perspicaz tiene la obligación como docente y formador de caracteres, de evitar que esa promesa termine en la alienación, dado su destino .

La alienación considera que quien sólo fue preparado para ser trabajador, desde el punto de vista del sistema de producción capitalista, no es una persona en sí misma, sino un medio —llamado fuerza de trabajo— , que puede representarse en su costo. El trabajador es un recurso (mano de obra), para la multiplicación del capital. La Enciclopedia define la alienación como “el proceso por el cual las personas se vuelven ajenas al mundo en el que viven”.

Es imperativo, entonces, además de todo el aspecto técnico, mostrar al estúdiate maravillas que le rodean y que debe y puede identificar y descubrir, para que en su asimilación se oponga a convertirse en un ser alienado, encuadrado y prisionero de su “mundo práctico de quehacer”, pero ajeno a otros conocimientos, valores y habilidades.

Porque el mundo no solamente está hecho de empresas comerciales o industriales, máquinas y maquiladoras, sino de una cantidad impresionante de conocimientos y apoyos para la recreación del espíritu que le abren y proyectan al mundo.

El arte en general, lecturas no técnicas, la historia nacional y universal, centros culturales, conferencias y centros de información, sobre todo la introducción a los modernos sistemas que ofrece el internet, la convivencia con personas locales o extranjeros, con otra formación y desarrollo.


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