La inmigración alemana a México Siglo XIX. Federico Eppen

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La revolución industrial inglesa empieza en el siglo XVIII. En el siglo XIX el país se encontraba en su máximo esplendor. Las máquinas de textiles no paraban de trabajar con los motores de vapor al igual que sus barcos. 

El uso masivo de carbón y de hierro ayudaron a la expansión, más tarde llegaría el ferrocarril dando a Inglaterra la fuerza para poder tener el dominio en los 5 continentes que le proveían influencia y materias primas.

Alemania de 1830 desea tener penetración en otros países, y se da cuenta que no tiene influencia, ni territorio en otros continentes. Uno de los factores que ayudaron a la expansión alemana:

 La Unión aduanera formada en 1834 para unificar el mercado interno alemán y eliminar barreras comerciales entre estados.

La emigración alemana a México en el siglo XIX fue propiciada por el interés comercial, los proyectos gubernamentales de colonización y la difusión de la imagen de México como un mercado en expansión. 

Más tarde llegaría el “canciller de hierro” Otto von Bismarck que unificó a Alemania a través de un proceso que empezó en 1864 en donde hubo guerras hasta en el 18 de enero de 1871 fue la proclamación del Imperio Alemán en el Palacio de Versalles.

El estado alemán quería tener presencia en México y en otros países latinoamericanos. 

Por lo general los inmigrantes alemanes llegaban con financiamiento del gobierno alemán y las relaciones con México eran buenas. 

Una vez que se independizó la Nueva España de España nació México el 27 de septiembre de 1821. 

Miles de españoles regresaron a España y los negocios quedaron libres para que los nuevos inmigrantes los ocuparan ingleses, norteamericanos, franceses, alemanes, entre otros.

Un inmigrante alemán fue Federico Eppen de la Motte Fouquet que llega a México en 1828 acompañado por su esposa Carlota Guillermina Ashenborn Lehmann lo sabemos porque pide una carta de seguridad que era una especie a pasaporte o permiso para estar en México. 

La pareja llegó con la ilusión de tener un futuro en México.

En el Archivo General de la Nación aparece: Carta de seguridad que otorga el Presidente de la República Mexicana a Federico Eppen. 1 mayo 1828

Carlos Koppe, cónsul General de S.M. el Rey de Prusia, solicita permiso para salir de México en compañía de su secretario Federico Eppen y su ayudante Federico Davide. Circa 1830

Por renuncia del vicecónsul de Prusia Don Juan Echemburg. El Sr. Federico Eppen lo ha sustituido provisionalmente en sus funciones.

12 de diciembre de 1839.

Carta de seguridad para Luis Falguerolles, 6 de febrero de 1834. Luis Falguerolles va a ser el socio de Federico Eppen.

Luis Falguerolles y Federico Eppen manejaban una casa comercial dedicada a la importación de telas e hilados de lino alemán, según refiere la historiadora Brígida Von Metz. 

El negocio no fue exitoso y terminó en quiebra, lo cual se confirma por la disolución de esa casa comercial en julio de 1841, según consta en las actas notariales del concurso de bienes de dicha compañía.

Federico Eppen y Carlota Guillermina Ashenborn, tuvieron cinco hijos, Juan, Luis, Esteban, Andrés y Margarita, todos nacidos en la Ciudad de México. 

En su ensayo: “Los hombres pasan, pero sus obras perduran. Don Andrés Eppen Ashenborn”. 

Escrito por Rosa María Lack, descendiente de Don Andrés comenta que en 1842 Don Federico, padre de Andrés, envía a la familia a Prusia, Andrés tenía dos años. Todos los hijos de Federico y Carlota nacieron en México.

La salida del país rumbo a Alemania coincide con la quiebra de la empresa. 

Quizá Federico y Carlota decidieron que sin la carga familiar don Federico podía empezar de nuevo. En Prusia la familia fue arropada por los padres de Carlota, los niños tuvieron una buena educación y tenían clases de español.

Regresaron a México en 1861, Andrés tenía 21 años. Habían pasado 19 años desde que la familia había partido de México.

Rosa María Lack escribe “Cuando regresa a México, su padre ya había muerto. Por la rapidez de su deceso, se supone que la causa fue un infarto. 

La familia sólo permanece un corto plazo en la capital y se dirigen a la ciudad de Durango, donde vivían unas amistades muy cercanas y queridas, luego de un tiempo de permanencia de la familia Eppen Ashenborn (en esa ciudad ), los tres hijos mayores quisieron realizar el sueño de esos tiempos: ir tras el oro en California, y hacia allí se encaminaron, atravesarían la Sierra Madre Oriental, y en el llamado Espinazo del Diablo, los indios -probablemente tepehuanes- los atacaron matando a Esteban. 

Los restantes siguieron hacia Mazatlán para cruzar la península y llegar a la tan ansiada quimérica Alta California; al arribar al puerto se encontraron con que en esos tiempos se padecía los estragos de la fiebre amarilla y ambos se contagiaron de ese terrible mal; allí murieron y fueron sepultados en una fosa común, pues eran miles lo que morían y no había tiempo para contarlos y menos para investigar o tomar datos de los difuntos. 

Así que quedan en Durango Doña carlota, su hijo Andrés y la más pequeña, Margarita. Al transcurrir un tiempo que consideraron conveniente, se instalaron en Mapimí, para luego ubicarse en San Fernando, hoy Lerdo, Dgo”.

Los sueños de Federico y Carlota se hicieron añicos. Andrés pudo salir adelante cuando los invitan a trabajar en la Compañía Rapp and Sommer, su hermana pequeña se casa en Lerdo y ahí vivirán junto con su madre.

Andrés Eppen llevará a cabo los sueños de su padre cuando la Rapp and Sommer le confía a través de un contrato el poder para la administración y ser socio de la compañía. 

Así Don Andrés inicia el desarrollo y fraccionamiento de lo que sería la ciudad de Torreón.

  • María Isabel Saldaña
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