¿Para qué edades estamos pensando nuestras ciudades?

Jalisco /
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Una ciudad puede ganar habitantes y, al mismo tiempo, tener menos niñas y niños. Puede crecer y envejecer. Incluso con una población estable, las necesidades de quienes la habitan pueden cambiar profundamente.

La Encuesta Intercensal 2025 del INEGI muestra una transformación nacional. Entre 2020 y 2025, la población de 0 a 14 años pasó de representar 25.25% a 21.57% del total. La de 60 años y más aumentó de 12.03% a 14.71%. También cambian nuestros hogares: el promedio de integrantes bajó de 3.56 a 3.28 y los hogares unipersonales pasaron de 12.44% a 15%.

Las diferencias entre metrópolis son reveladoras. En Guadalajara y Monterrey, las personas de 60 años y más representan 13.83% y 12.94% de la población, respectivamente. En Ciudad de México alcanzan 16.99%, en Mérida 15.45% y en León 10.69%. Todas envejecen, pero sus estructuras de edad y necesidades son distintas.

Estos cambios plantean preguntas para las políticas públicas. ¿Qué necesitan las infancias para caminar, jugar y llegar a la escuela? ¿Qué oportunidades encuentran las juventudes para estudiar, trabajar e independizarse? ¿Cómo facilitamos la vida de quienes combinan empleo, crianza y cuidados? ¿Qué condiciones permiten a las personas mayores conservar su autonomía y permanecer en sus comunidades?

La diversidad de hogares también importa. Vivir solo, formar una pareja sin hijos, compartir vivienda entre generaciones o integrar una familia extensa supone necesidades distintas de espacio, cercanía y servicios.

La respuesta involucra vivienda, educación, salud, movilidad, espacio público y sistemas de cuidados. Ninguna generación habita una ciudad por separado: todas comparten sus calles y servicios, aunque los utilicen de maneras diferentes.

El debate sobre qué ciudades ganan o pierden habitantes, y cómo se redistribuye su población dentro de las metrópolis, merece una reflexión propia. Por ahora, los datos nos plantean una pregunta más cercana a nuestra vida cotidiana.

Una ciudad puede seguir teniendo las mismas calles, los mismos edificios y los mismos parques, mientras cambian las personas que los necesitan. ¿Estamos cambiando también nuestra manera de pensarla?



  • Mario Ramón Silva
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