¿A dónde va la basura cuando dejamos de verla?

  • Columna invitada
  • Mario Silva Rodríguez

Jalisco /
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Todos los días hacemos algo que parece resolver un problema: sacamos la basura. Pasa el camión y desaparece de nuestra vista. Pero no desaparece. Solamente cambia de lugar.

México genera casi 140 mil toneladas de residuos sólidos urbanos cada día. El problema existe en cualquier escala: desde una pequeña localidad hasta las mayores metrópolis. Cambian el volumen y la complejidad, no la necesidad de hacernos cargo de lo que desechamos.

Recolectarlos ya es un enorme desafío público. Pero después vienen la separación, el aprovechamiento, el tratamiento y la disposición final. Hoy apenas 5% de los residuos sólidos urbanos del país recibe algún tratamiento.

Y la bolsa comienza a llenarse mucho antes de llegar a nuestra casa.

En tres décadas transformamos nuestra manera de consumir. Compramos más productos empacados, recibimos mercancías en la puerta y multiplicamos objetos diseñados para usarse durante minutos. La pandemia aceleró esa transformación: incorporó a millones de personas a nuevas formas de comprar y convirtió cajas, envolturas, bolsas y materiales desechables en parte todavía más habitual de nuestros residuos.

Nuestra capacidad de consumir y desechar creció. La capacidad para hacernos cargo de las consecuencias no lo hizo al mismo ritmo.

A mediados de los noventa, organizaciones de la sociedad civil ya discutían en México qué hacer con los envases y embalajes y hasta dónde debía llegar la responsabilidad de las empresas sobre los residuos de sus productos. Algunas propuestas miraban hacia Alemania, donde comenzaba a trasladarse parte de esa responsabilidad a productores y distribuidores.

Treinta años después, muchas de aquellas preguntas siguen abiertas. Las instituciones ambientales que México comenzó a construir en esos años se han debilitado mientras el problema se hizo más complejo.

La Ley General de Economía Circular de 2026 incorporó finalmente la responsabilidad extendida del productor. Que el concepto esté en la ley no garantiza sus resultados. Habrá que ver si las reglas y capacidades para aplicarla consiguen que quienes ponen productos y empaques en el mercado asuman efectivamente una parte de su destino final.

Los municipios deben recoger mejor y nosotros podemos consumir y separar de otra manera. Pero ninguna localidad puede resolver por sí sola cadenas de producción y consumo que operan a escala nacional.

La basura no empieza en el bote. La responsabilidad sobre ella tampoco debería empezar frente al camión recolector.


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