La mala realidad del país sirvió como vehículo para el proyecto político que incansablemente busca extraerle significado a la tragedia mexicana. En la deslegitimación de toda preocupación ajena a la oficial, la corrupción es apenas un mote evocable para designar el pasado en la incapacidad de ver su réplica presente. Las nociones democráticas se redujeron a la frivolidad que no exige considerarlas parte de una forma de gobierno: qué gobernanza existe en un país inmune a su violencia.
La manipulación de las obligaciones del Estado es apuesta de un gobierno por su indiferencia. Qué tan distantes a la realidad son los discursos, oposición partidista incluida, para ocuparse con tal fervor de una pantomima revocatoria. Todo discurso vacío se construye relativizando lo obvio: el término establecido, el sujeto que convoca la revocación.
Aquí preocupa que se hable de los asesinatos y no las tumbas. Guardémoslos dentro de las fronteras.
Cuánto analfabetismo cabe en una frase sin pudor: el Presidente cree suficiente que no haya sido un funcionario quien mandó matar a un periodista. A ocho. En materia de derechos humanos y protección a la prensa o ambientalistas, las disculpas y condolencias se convirtieron en justificación de la ineptocracia.
Palacio niega la existencia de impunidad y de elementos para señalar su falta. La impunidad es la atmósfera nacional que permite la aberración con la renuncia del Estado a evitarla. Las llamas en Nuevo Laredo, las desapariciones en Aguascalientes, las violencias de Sonora, Zacatecas, la imposibilidad de Colima.
El gobierno mexicano relegó la violencia en el momento en que desechó años de voces dedicadas a pensar cómo contener nuestra condición con la generación de anticuerpos políticos, locales, civiles. Los soldados a manera de respuesta son un falso elemento de seguridad que oculta el aumento en su participación como actores políticos y los vuelve económicos. En ningún lugar ha dado buenos resultados.
Donde lo aberrante es costumbre, negar el entorno de impunidad es un insulto que aplasta dignidades. En este escenario hay quienes se dicen críticos neutrales. Frente a la indolencia, la neutralidad sólo es posible si escasea la decencia.
@_Maruan