Diagnóstico y hordas

Ciudad de México /

Como ocurrió en otros momentos nos hemos estancado en el diagnóstico. Ya sea por oficio o definición de postura, permanece la necesidad y urgencia por consignar lo indefendible. Repetimos manifestaciones de la disociación: dos periodistas asesinados mientras el vocero de la Presidencia dice protegerlos, el Presidente se adjudica la concepción de un plan mundial de reforestación, la Guardia Nacional dispara contra migrantes y mata. En la acera de enfrente, si acaso con una crítica tibia, aún ven la tierra proverbial.

Resulta ocioso pensar en un debate cuando no existen los puntos mínimos para él. La defensa identitaria actúa como repelente a cualquier argumento y nunca ha sido posible contrarrestar la irracionalidad con razones.

En la mentira como habitación de gobierno sólo cabe la fantasía. El problema deja de ser el delirio oficial como la falta de pudor por ocultarlo.

Los apoyos de las sociedades a sus expresiones políticas no descansan de manera absoluta en sí mismas, como lo hace en sus miembros más visibles: voceros, intelectuales, estridentes, idiotas útiles o compañeros de viaje. Es imposible adjudicar responsabilidad equivalente al conjunto como a éstos, sus ilustres poco ilustrados.

En el mundo de la irresponsabilidad nos acostumbramos a gobiernos incapaces de hacerse cargo por su adecuación negativa de la realidad. También, dejamos de lado la irresponsabilidad de los grupos cuya aproximación a esa realidad alimenta el deterioro.

Cuando se derrumban los límites normativos de la convivencia, bien valdría darnos cuenta de la dificultad de supervivencia política para una sociedad. En la metafísica del no es falso, pero tampoco verdadero, apostamos por regirnos con los códigos de galimatías institucionalizados. No es traspié, como síntoma de la rutina.

A pesar del sobrediagnóstico renunciamos a comprender la sociedad en la que vivimos. Un extravío más donde nos sumamos al delirio colectivo del que queda el convencimiento por la horda. De seguir así, terminaremos de sumergirnos en el escenario prepolítico de las tribus. Cuando la retórica oficial se sustenta por identidad, no es admisible que el análisis opuesto caiga en la fantasía de su propia pertenencia. 

@_Maruan


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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