El problema de la realidad

Ciudad de México /

El termómetro del deterioro nacional no sólo se lee observando los objetos de nuestros escándalos, sino con las reacciones para intentar contenerlos. Sobre todo, desde ellas. Ni la descalificación a la prensa o a la academia, tampoco la administración de un medicamento, se pueden separar de las defensas que no resisten sus contradicciones.

El ambiente venía podrido cuando refrendamos las cualidades más tóxicas del modelo mexicano. El halo de superioridad, la relativización desde el ropaje ideológico y el cúmulo de crisis previas, se suman al énfasis en la perpetuidad de una administración que desprecia la naturaleza democrática de cambio constante.

¿En verdad hay algo más reaccionario que un gobierno anclado en un discurso sobre su permanencia?

En un país con aspiración de normalidad, los contenedores de lo disfuncional son elementos éticos entrecruzados: la intención de verdad, el repudio social y la ley. No funcionan uno sin el otro. A falta de ética no hay límites ni futuros. Tenemos una sociedad que rechaza la pedagogía de la verdad y un gobierno que enaltece la sinrazón como si fuese un acto de rebeldía. Aunque es éste, por jerarquía, el único sujeto a quien rebelarse.

Ya era rupestre, pero en tres años pervertimos aún más nuestra relación con la verdad y ningún hecho es suficiente prueba. Cambió también la relación que teníamos con la simulación a pesar de ser sus expertos y apostamos por el país de la falsificación; cualquier frivolidad se vende como idea, el enamoramiento por decir cantidades sustituyó lo que reflejaban y entre acusaciones de cónclaves o teorías del complot, ni siquiera la pandemia merece la dignidad de su tragedia.

Algunos políticos, como muchos analistas y funcionarios surgidos en estos tres años, renunciaron —si alguna vez la tuvieron— a la búsqueda de respeto por sus pares ajenos. Se contentaron con la de sus partidarios.

Triunfó la anulación del criterio. La ley no existe en una sociedad indispuesta a él. Es una manifestación formal de la ética. Sin ellas, desaparece la responsabilidad, las nociones de culpa o de vergüenza: institucionalizamos la desfachatez. Negamos la realidad para conformarnos con su versión más pobre de espectáculo.

Maruan Soto Antaki

@_Maruan


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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