Escaparate mexicano

Ciudad de México /

La mayor fragilidad de las nociones democráticas se muestra cuando las sociedades consideran su deterioro un intangible propio de arengas políticas, sólo que todos los tangibles que normalmente preocupan a esas sociedades dependen de ellas.

En México, las pulsiones autoritarias convertidas en tendencia ya ni siquiera se distinguen como tales.

Este país, que poco entendió de democracia, desenvuelto históricamente en un sistema despótico, recicla saberes de la hegemonía partidista. Disfraza su naturaleza con la condescendencia al rechazo. Palacio y sus vecindades no inventaron nuestro centralismo exacerbado, sólo recuperaron su peor versión gracias a una sociedad dispuesta a él.

Los poderes mexicanos creen posible hablar de democracia cuando la falta de gobernanza la imposibilita. No hay gran democracia si el miedo es antesala del periodismo, cuando muertos y desaparecidos se diluyen en la violencia que no asume el sentido de urgencia. La democracia es una virtud civil que exige fortalecer los controles sobre las fuerzas armadas. Aquí se hace lo contrario.

La concentración de poder, evidentemente eficaz para dominar la agenda, se torna brutalmente ineficaz al gestionar las crisis. Su verticalidad extrema obedece a la continuidad retórica y no a la realidad. Así, el asesinato reiterado de periodistas y la violencia feminicida reciben la perorata acostumbrada. Por los modos de la verticalidad, el oficialismo no entiende la carencia de espíritu democrático en su intento por evitar la difusión de un dictamen negativo. Sin admitir la magnitud de la crisis, resulta natural la falta de sensibilidad política que llevó a retirar las imágenes de desaparecidos en un espacio público.

Toda la indecencia cabe en quienes aplauden una declaración que termina por abogar en nombre de dictaduras. Han despreciado la responsabilidad ética de rechazar lo deplorable: la persecución contra críticos, los presos de Mar Verde, en Santiago; los refundidos por Ortega en El Chipote, en Nicaragua.

De qué tipo de democracia es posible hablar cuando no se está dispuesto a entender los límites del diálogo con la barbarie y la desfachatez trata al totalitarismo, si acaso, como una diferencia de opinión.

@_Maruan

  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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