La edad del descargo

Apuntes incómodos

Maruan Soto Antaki

Maruan Soto Antaki
Ciudad de México /

Qué quiere decir izquierdas o derechas en un mundo que perdió, gracias a la fascinación por ellas, los asomos de conceptos más grandes y escogió dignidades para privilegiar retóricas. Las ideologías, como forma de aproximación a la realidad, siempre corren el riesgo de terminar desplazándola para sólo atender su percepción.

En el caso mexicano, qué virtud de izquierdas admite que un Estado abandone su obligación primaria y frente al control territorial del crimen organizado, el presidente reduzca la realidad a una mención sobre la alta penetración delincuencial en una zona del país. Vale recordarlo, nada elimina la responsabilidad de un gobierno.

Aquí no discutimos izquierdas ni derechas, sino fervores que protegen el desprecio por la dignidad a través de una tramposa instrumentación estética. En el ejercicio que busca imprimir nociones a un concepto —el proyecto del gobierno mexicano—, la articulación de sensibilidades con las que se intenta compartir un discurso se ha puesto al servicio de la no verdad.

Las herramientas de intención empática convirtieron en un limbo de inutilidad al eterno descargo de responsabilidades. Se instaló una serie de modos donde la verdad en tiempo presente ya no importa. Si queremos criticar las decenas de miles de muertos por violencia en estos años, se exige sustraerles su peso para depositarlo exclusivamente en un pasado detestable.

Todo ejercicio político cuenta con inclinaciones estéticas para transmitir sus idearios. Instrumentos de evocación actuales presumen percepciones positivas sobre seguridad. Pueden, también, alentar una buena percepción de la Guardia Nacional, aunque ésta y otros militares guarden un lugar privilegiado entre las instituciones con mayor número de quejas por violaciones a derechos humanos. La frase boba “percepción es realidad” se insiste como fuere algo brillante. No, la percepción es una parte de la realidad que sólo ocupa su espacio cuando impera la mentira.

La disociación temporal de las continuidades nacionales es nuestra edad del disclaimer, del descargo: una estética que imposibilita pensar el presente desde él y recurre constantemente al pasado para justificar las violencias y los deterioros de hoy. 

@_Maruan

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