Amenor consciencia cívica en una sociedad, mayor aceptación a los autoritarismos como vía para satisfacer las sensaciones alrededor de sus problemas, no así sus problemas.
El despliegue de la Guardia Nacional en el Metro de la Ciudad de México juega en el campo de ineptitud política. Si a la elucubración le damos el rango de verdad, se hace imposible reconocer la realidad de su opuesto. Surgen teorías útiles para llenar vacíos de las múltiples incompetencias.
Ante los muy frecuentes eventos en el Metro capitalino, el gobierno de la ciudad afirma investigarlos sin ser capaz de admitir la posibilidad de un resultado que le impute responsabilidad. Refrenda la retórica del complot.
Si somos ya un país con atentados en su capital, valdría reconocer que no se resuelven con fuerza sino con política. Para hablar es recomendable tener idea de lo que implican las palabras.
La elucubración es materia prima de absolutamente todo despotismo, incluidos los de apariencia tolerable, hijos de la dialéctica incapaz de ligar consecuencias.
Diluida la distinción de lo verdadero entre lo posiblemente falso, las acciones dejan de obedecer a principios, valores o condiciones, como a la urgencia por sostener los hilos de las suposiciones y la defensa de quien las promulga.
Todo exceso tiene cabida una vez entrados en esa lógica, porque ya ni siquiera son vistos como tales.
Cada sociedad tolerante a autoritarismos ligeros terminó rechazándolos cuando crecieron hasta ocupar el todo de la esfera pública. Rara vez han reconocido su error inicial: no entender la naturaleza de las políticas autoritarias. Están hechas para crecer.
Jugar con la sensación de seguridad es el recurso predilecto de la incapacidad de los gobiernos mexicanos. Creábamos comisiones para evitar la solución de lo disfuncional. Hoy, además, se mandan regimientos.
No hay rasgo de originalidad en el despliegue de tropa, cual sea, para generar un consenso emocional sobre la tranquilidad. Espejos y brillantina como política pública.
Distintos gobiernos mexicanos dejaron de buscar la construcción del país y se contentaron con un desfile. El de la capital, ha terminado por banalizar cualquier aspecto de la vida cívica y sus relaciones.
Maruan Soto Antaki
@_Maruan