Con cierto ahínco este país se acostumbró a ser el de lo que no debería suceder. La cultura política mexicana subsiste gracias a su extraña lógica de fomento a la irrelevancia. Los códigos de la mexicanidad admiten banalizar la conversación pública en pos de su supervivencia. Se diluyen o empequeñecen abusos y tragedias buscando anularlas, en lugar de tenerlas mínimamente presentes para saber cómo alejarse de ellas.
Gertz no sólo es el individuo; refleja la lógica de la administración actual hacia toda aspiración de justicia. No sólo la legal, sino su noción primaria desde los límites de la decencia: el actuar delincuencial del fiscal pide profundizar la discusión sobre lo que le rodea, desde el apoyo presidencial al de las autoridades capitalinas. No veo quien apueste su casa a que lo haremos.
Donde el sistema de justicia le da a la acusación semejante carácter probatorio, no deberían ser tan poco claros los riesgos de otorgar libertades capaces de embestir a cada una de las estructuras del Estado. Sin embargo, se insiste en la disolución de aparatos administrativos para dar lugar a la burocracia dependiente de un único administrador.
En un país con los niveles de impunidad que contamos, algo de honestidad intelectual llevaría a reconocer que los entornos de Gertz identifican al gobierno mexicano por encima de casi cualquier otro aspecto. La lógica de la irrelevancia que ha permitido su existencia política es la misma que vemos en la extinción de instituciones o de fideicomisos diversos; en los acorralamientos y en las campañas contra ciudadanos donde la rectificación oficial es inexistente.
La violencia conquistó rangos de delirio en esta estructura. Más preocupado por justificar declaraciones sobre la realidad que en ella, de Michoacán a su fervor por el ejército, Palacio rechaza la urgencia en el concierto de fatalidades al derredor.
Donde la ley y el piso de la realidad no existen, el poder negado de entender relaciones de causalidad sustituye al Estado de derecho con su voz.
El problema de acostumbrarse a vivir en el espacio intermedio de la realidad y su discurso, es que fácilmente se llega a una realidad trágica y al nivel más bajo de intercambio intelectual.
Maruan Soto Antaki
@_Maruan