Las pulsiones autoritarias se hacen evidentes en la mala relación de los actores políticos con la ley, y se alimentan del rechazo de sus sociedades a la misma. En la tradición política nacional, la precaria relación con la ley dependía del triste contenedor semifuncional de la hipocresía, constantemente arropada por su amor a figuras retóricas. Hoy, la política mexicana domesticó las formas de la hipocresía para relacionarse con la ley desde el cinismo.
La judicialización como recurso de gobernanza ya poseía tintes absurdos en la cantidad de leyes que le han sido impugnadas al Ejecutivo mexicano. La Suprema Corte se ha regodeado con habilidad en la estulticia que regala tiempo. Aquella paciencia a la voz de los tribunales que presumía el presidente resulta vaporosa cuando éstos se pronuncian en su contra. Los reflejos de la incapacidad y la falta de voluntad política buscan a menudo las vías de impostura que contradicen el espíritu de las leyes fundamentales.
¿Qué sucede cuando un país se acostumbra a la vulneración de sus acuerdos mínimos? Deja de darse cuenta.
La participación de militares en tareas políticas, la promoción ilegal y opaca de un referéndum.
Cuánto daño le hace a un país adoptar la infalibilidad presidencial como instrumento. Se exceden límites, la mediocridad habla. Los intérpretes del presidente, sus convencidos, se apresuran a relativizar el piso mínimo de decencia con tal de ajustar la barbaridad del día a algún tipo de lógica manca. Sin importar la posición, éstos la defenderán por su origen y a partir de ahí, en el ejercicio amaestrado de los últimos tres años, viene la descomposición de todo asomo argumentativo.
Un funcionario justifica la frase de belleza antropológica: “No me vengan con ese cuento de que la ley es la ley”. El funcionario afirma que el bien superior se sitúa por encima de ella. Ese supuesto bien, intangible, siempre subjetivo, parece darle validez a cuanta tropelía se antoje. Es, también, el recurso habitual de las pulsiones autoritarias que, en un analfabetismo crónico, transforman la palabra presidencial en la analogía de una ley única.
Todo ejercicio autoritario del poder siempre ha asegurado ser el proveedor del bien mayor.
@_Maruan