Pensar la calle

Ciudad de México /

Cuando el ejercicio político institucionalizado no alcanza, cuando la verdad no es suficiente, una sociedad necesita salir a la calle para expresar sus preocupaciones y resistir. Por ello, hay algo de frustrante en que la manifestación siga siendo un componente tan imprescindible para la vida pública mexicana.

Mientras menos institución y peor formalidad política, más urgencia de la calle, incluso en los aspectos que la madurez debería llevar a prescindir de ella. El constante uso del derecho es también el fracaso de las estructuras de gobernanza, con su incapacidad para preservar la viabilidad democrática, la habitabilidad de un país.

Al margen de su peso, algunos elementos de ingenuidad prevalecen en relación hacia la protesta.

Asumir a los canales institucionales como única vía madura de conducción política, ignora que para ello es obligado un piso mínimo. En el caso de la modificación a las reglas de operación electoral éste es demasiado frágil.

En simultáneo, voces reclaman fervores similares a los vistos el fin de semana hacia los infinitos rasgos del deterioro: derechos humanos, decencia o la nula rendición de cuentas. Tienen razón, pero en política eso no siempre basta.

Aunque hoy sea uno el objeto de la consigna, el conjunto de las acciones de Palacio es indisociable a la vulnerabilidad: los militares, su opacidad o la manipulación política de la ley, forman el todo antidemocrático.

Una apreciación más se desenvuelve entre confusiones, la exigencia de no politizar.

Mientras cada grupo mantiene sus angustias particulares, una causa o motivo homologa. Una, rara vez son más. Así se construyen las inquietudes que luego son aprovechadas (esta puede ser una buena palabra) por los vehículos políticos por definición, los partidos.

La búsqueda de pureza es tan ociosa como la insistencia en únicamente hacerse representar por el más bueno. La lógica política siempre pide decantarse por el menos malo, acorde escenarios específicos. Solo así el enojo se traduce en acciones políticas.

Si todas las oposiciones del mundo son deficientes

—unas más que otras—, las sociedades son quienes tienen que dejarse representar. Al menos en las urnas y frente a escenarios de mayor riesgo.

Maruan Soto Antaki

@_Maruan

  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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