González Torres (y los quijotes)

Ciudad de México /
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Armando González Torres, La tiranía de los quijotes, Jus, México, 2026, 172 pp.

¿Cuántos quijotes habremos conocido a lo largo de los últimos cuatrocientos años?

¿Cuántas han sido sus interpretaciones y adjudicaciones?

¿Cuántos sus lectores?

Un clásico por definición, El Quijote (Don Quijote de la Mancha), ha sobrevivido a su intención fundamental, tal vez (simplemente) un libro cómico, para convertirse en algo así como una de las ficciones literarias con mayores posibilidades para cuantiosos usufructos.

“Sincretismos, apropiaciones ideológicas, elaboraciones filosóficas, utilizaciones políticas y derivadas comerciales y mercadotécnicas”, como detalla el poeta y ensayista Armando González Torres (Ciudad de México, 1964) en La tiranía de los quijotes que, como se advierte desde ya, expande ante nosotros los lectores no solo aquel célebre libro, “el más prestigioso del idioma español”, sino a su protagonista central, icono entre los iconos.

Aun panorámico, el nuevo libro de González Torres comprime sus intenciones explicatorias de esa gran maravilla ficcional que es El Quijote.

Presupuesto que no olvida su ponderación en tanto hecho literario en sí, “la ficción es una de las formas más útiles para permitir al individuo desplegar esa capacidad de percibir y actuar en el mundo de acuerdo con aspiraciones sociales y morales más elevadas”, ni otras recepciones de la obra en el curso de los siglos, tales como la generada prontamente en Europa, la del Romanticismo o las de diferentes generaciones literarias ulteriores.

Conforme se avanza la lectura, cuatro sólidos capítulos, una explicación y una coda, todos alimentados del conocimiento académico, el dominio de las fuentes, la noticia histórica y la pericia escritural, sabemos de la marcada intención del ensayista en su exposición: “el quijotismo político, en especial en el ámbito latinoamericano”.

Con lo que el lector recorre la indagación, “utilizando con libertad la analogía literaria e histórica y recogiendo datos y curiosidades de distintas fuentes y disciplinas”, en una lectura subrayadamente política de El Quijote y, al mismo tiempo, de su “impacto en el pensamiento y la acción de muchos individuos”.

Simiente y fruto ensayísticos tal vez inéditos en nuestra más cercana práctica.

A quiénes, preguntará el lector, relaciona con El Quijote González Torres.

(Anotando, pertinentemente, la noticia de la pronta llegada de los primeros ejemplares de la novela a territorio americano, el mismo 1605, data de publicación original.

“Es de pensarse que fue un libro conocido y comentado entre las élites”).

Bolívar: “…conocidos (sus) desplantes quijotescos, sus desafíos a la naturaleza, sus proyectos militares que incluyen la fantasía de organizar una expedición liberadora a España”.

José Enrique Rodó: “…(quien) adopta al Quijote como símbolo de la raza y aboga por el renacimiento en América de una aristocracia del espíritu que, a diferencia de Estados Unidos, haga de la democracia un arte”.

Juan Domingo Perón: “…(que) entra propiamente a la figura de Cervantes y muestra un más que aceptable conocimiento de su entorno y su obra (y destaca) que en el conjunto de su obra, el escritor subordine el aparato erudito al rescate del habla popular, el amor geográfico a la tierra y los paisajes y la comunión con las costumbres simples y frugales del pueblo”.

Che Guevara: “…(en quien) no solo hay una vida quijotesca sino una deliberada adhesión al libro cervantino. (Sus) referencias a El Quijote en sus diarios o en sus intervenciones son nutridas y, a veces, exageradamente emotivas”.

Marcos: “…(quien, junto al zapatismo) compartía las principales utopías enunciadas en El Quijote, desde la idea de un comunismo primitivo hasta la justicia salomónica que se dispensaba en la ínsula Barataria (…). En Marcos el quijotismo no funciona solo como un símbolo ejemplar petrificado en su culto, sino como un artefacto literario en el que el juego y la recreación que haga cada lector funcionan como catalizador de la conciencia social”.

El quijotismo (El Quijote), subraya más adelante González Torres, tendrá así “un espacio natural” en nuestra América: entre su asimilación como “símbolo romántico” y el elogio al “idealismo irredento del personaje (…) mucho más allá del mero prototipo de la ridiculez”.

“El Quijote es”, resume el autor de La tiranía de los quijotes, “un ejemplo de rebeldía, y su crítica social, su denuncia del legalismo y su defensa de la libertad esencial pueden ser mensajes sugerentes con los que se identifiquen los libertadores del continente.

Porque con este símbolo, enseguida universalizado y arrancado de España, no se celebra la metrópoli que sojuzga férreamente, sino a la representación abstracta de un temperamento temerario y una ira justiciera que aboga por la libertad”.

***

Espero no equivocarme, La tiranía de los quijotes se convertirá, con el tiempo, en un referente obligado y provechoso al momento de acercarnos (volver a ella) a la obra cumbre de la lengua española, y a su personaje vital, “ubicuo y poderoso en los imaginarios contemporáneos”, el Quijote.

En tanto que su autor, González Torres, se habrá situado cumplidamente en la privilegiada lista de grandes cervantistas de diferentes lenguas y tradiciones, como pronto lo hará en el sitial número veinticinco de la Academia Mexicana de la Lengua.

Tres lecturas (disímiles) complementarias

 Don Quijote de la Mancha. Puesto en castellano actual íntegra y fielmente, Andrés Trapiello.

Monseñor Quijote, Graham Greene.

Hazañas de Capitán Carpeto, Rafael Reig.


  • Mauricio Flores
  • mauflos@gmail.com
  • Periodista, estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM
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