JM Servín, memoria pura

Ciudad de México /

J. M. Servín (Ciudad de México, 1962), narrador y editor autodidacta, uno de esos escasos personajes de la cultura mexicana que no encajan con los usos y costumbres políticamente correctos, acaba de publicar una joya de literatura ficción que, de tan personal, bien puede leerse como la crónica de muchos nosotros, ustedes y ellos.

Un relato, alrededor de doscientas páginas donde un narrador auto señalado cuenta diferentes peripecias surgidas de su presencia en el puerto de Acapulco, en al menos tres momentos de su dilatada existencia, que no se detiene en las propiedades de sus tiempos, y rebota en otros días, otras personas, otras construcciones literarias, incluso.

Memoria pura, pues.

Suma de verdades a medias y verdades enteras que dan como resultado un producto literario de excelencia. Narrativa que cuenta desde la superficialidad y hasta lo más íntimo de lo que bien podría haber vivido cualquiera, una vez desenterrado del abandono y el olvido, “qué fatigoso acordarse, con detalle, de los hechos del pasado”. Una crónica de aquel puerto turístico, unas veces majestuoso, otras una pura zona de destrucción, el Acapulco de tantos y tantos que lo han registrado, vivido, padecido y muerto.

J. M. Servín, Antes de Otis, Randomhouse, México, 2026, 210 pp.

Es tiempo de celebrar, advierte en su arranque la narración. Y a tal nos llevan las páginas de Antes de Otis, el mero pretexto de llegar al sexto piso, acompañado el narrador de algunos amigos cercanos y de sus más lejanos recuerdos y haberes literarios.

Porque mucho hay también de rendición de cuentas en esta nueva ficción de Servín (que con mucho podría ser la prolongación, el brazo de mar de Mi vida no tan secreta, recorrido por una estirpe, una ciudad, unas prácticas sociales, la novela que hace cuatro años publicó el autor) donde no se olvidan otros personajes y autores.

Están aquí, habremos de enumerar rápidamente, Johnny Weissmüller y su grito tarzanesco, “sus años finales los vivió destruido por su leyenda como héroe eterno, prefabricado. Decrépito, borracho siempre. Adicto a los somníferos. Le aterra meterse a la alberca, a él, campeón olímpico ce natación con récords mundiales”; personeros tan famosos como Rita Hayworth, Dolores del Río, Virginia Hill… y, ¡bueno!, la pandilla de Hollywood completita, esa que se benefició, en todos los sentidos, del imperio de la corrupción del régimen del PRI.

Sin quedarse atrás presencias, llamémosles más literarias, a lo Lucia Berlin y Jack Kerouac, incluso el asesino Manson. “Su paso por México nunca fue registrado. Estaba listo para cumplir su misión en la vida. A los treinta y cuatro años se convertiría en uno de los íconos pop de la industria del true crime del siglo XX estadounidense, junto con Lee Harvey Oswald y David Chapman”.

Por supuesto que nuestros Luis Spota, Ricardo Garibay y José Agustín…, ¿homenaje a ellos este Antes de Otis?, título que nos lleva, es cierto, al huracán que vendría después, pero igualmente a los de antes, “un huracán que se añadiría a la polifonía semántica de la muerte y destrucción”.

“Ni el priismo ni sus cómplices empresarios evitaron que, desde su surgimiento, Acapulco fuera condenado a morir como un viejo libertino que derrochó su fortuna en fiestas —leemos—. Los mentados «poderes fácticos» suenen a una logia de barrigones en guayabera y enmascarados que, desde su enorme salón iluminado con antorchas portadas por ellos, deciden arruinar al país. La alianza entre esos poderes y la clase política es más destructiva que cualquier huracán”.

“A treinta cinco grados y bajo un sol implacable”, como en el Acapulco de Servín (Al final del vacío y Nada que perdonar, crónicas facinerosas, otros de sus libros), bien podríamos (re) comenzar esta lectura de Antes de Otis.

Narrativa memoriosa que no pasa por alto circunstancias y detalles propios, “lo terrible es siempre inaparente, diría José Revueltas”, como cuando el narrador de Antes de Otis nos cuenta:

“En una semana yo volaría a Chihuahua con viáticos pagados para recibir el premio en una ceremonia en presencia de los jurados y alguna autoridad local. En aquel entonces los veía como sacerdotes. Estaba a punto de iniciarme en la logia de escritores. Años después me di cuenta de qué se trataba este asunto. Premios no precisamente por la calidad, tráfico de influencias, grilla y recomendados por todas partes, de eso podía depender tu fracaso como escritor y, por qué no decirlo, todo alrededor. Funciona igual que la mafia siciliana: todos saben quiénes son los capos y sus subalternos, pero ocultos en su Omertá aparentan su vocación por las letras y eliminar del mapa a los indeseables. Mario Puzzo trasladado al priismo literario”.

Bienvenido este “nuevo” Acapulquiiiiito de J. M. Servín.


  • Mauricio Flores
  • mauflos@gmail.com
  • Periodista, estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM
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