Verdades inmortales

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Cuatrocientas páginas fueron suficientes para que la norteamericana Rachelle Raeta (oficios de buena novelista sobre sí) ofreciera a sus lectores (decenas de miles) la posibilidad de recorrer los acontecimientos centrales del pasado milenio tomados de la mano de Anna (el entrañable personaje de Verdades inmortales).

Un best seller (escucharemos desde el purismo) pero que manifiesta el conocimiento histórico y la sensibilidad de una autora (en realidad sabemos poco de ella, así como de su probable inserción en alguna legión literaria) y su acierto para ofrecer (sin mayores complicaciones falsamente intelectuales) un ejemplo de belleza humana.

Muy especialmente la de Anna, una joven tocada por el extraño, incomprendido y asintomático padecimiento que es el vitíligo, quien se encontrará (hacia el segundo siglo del primer milenio europeo) con un personaje (prácticamente un dios) que le concederá el usufructo de la inmortalidad.

Trama que se desarrolla entre 1185 y 1953 (las metrópolis del mundo más importantes visitadas) y durante la cual la siempre joven será testigo privilegiado de odios y amores (en un mundo cambiante).

Tema recurrente en la literatura de todos los tiempos.

El de la inmortalidad.

Aquí personalizado por una Anna, “una diosa caminando entre los hombres”,expuesta a las miradas de los otros.

Los que ven en ella, de acuerdo a creencias y culturas en permanente cambio, a un ser distinto, acaso el portador de males y desgracias humanas.

Imposible no relacionar el tema de la enfermedad en These Inmortal Truths (traducción de Pilar Ramírez Tello) con la vida de su autora, de quien sabemos, escuetamente, padece una severa neuralgia del trigémino, cuyos síntomas se centran en fuertes dolores, especies de descargas eléctricas, en la cara de las personas.

“¿Por qué yo?”, leemos en la novela.

Inducida, visitada recurrente por Khiran, ese dios que le otorgó la permanencia en el tiempo, “el más cruel de los maestros”, Anna recorrerá la enormidad del mundo, “sería una pena no conocerlo”, afinando su sentido de conservación, “que no miedo”, a fin de no dejarse vencer por su imposibilidad de cambiarlo.

Aunque siempre consciente de amarguras y dulzuras.

Algo que la convierte en una voz distinta a la de la totalidad de los mortales. “…las historias que los humanos han narrado sobre ellos… Muchas nacieron de los actos más rebeldes de su juventud. No hay ninguna historia igual ni ninguna que sea del todo exacta, pero siempre hay una chispa de verdad que consigue sobrevivir, a pesar de la forma en la que los mortales la retuercen”.

Durante su prolongado recorrido, Anna, “la leprosa que se escondía en el bosque y se negaba a morir”, será testigo de acontecimientos y sabrá de personalidades varias, “jamás un hombre se ha parecido tanto a un puñal”, para bien o para mal, pero siempre señalada.

“La comunidad que se ha alzado con violencia en respuesta a los impuestos es la misma que sabe que no tendría problema en expulsarla por las manchas de su piel”, narra Verdades inmortales.

Aparecerán también: Marco Polo y su Le Livres Merveilles du monde, Juana de Arco y su levantamiento de entre las cenizas, Shakespeare y su escritura, “un éxtasis doloroso que insta al público a estar pendiente de cada palabra y contemplar cómo se desarrolla la tragedia”.

Y, por supuesto, el mal llamado “nuevo mundo” en donde “hay personas. Comunidades y civilizaciones con una cultura tan única y fértil como la de cualquier otro sitio que hayas conocido”.

Un mundo, se lamentarán Anna y Khiran, que “están destruyendo”.

—¿Quiénes?

—España. Portugal. Cada barco que atraca en esas costas se cree con derecho a la tierra que tienen bajos pies.

Ambos personajes terminarán lamentando lo ocurrido en esos años (ese pasaje del libro, ese paso de Anna por el mundo). No sólo de la pérdida de vidas, sino “de una civilización entera. De una cultura entera”.

Verdades inmortales.

Rachelle Raeta publicará pronto una segunda parte de esta empresa literaria llamada Melocotones y miel.


Rachelle Raeta, Verdades inmortales, Editorial Océano, México, 2026, 400 pp.


  • Mauricio Flores
  • mauflos@gmail.com
  • Periodista, estudió Ciencia Política y Administración Pública en la UNAM
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