Hidalgo está viviendo uno de esos momentos que, vistos con distancia, suelen marcar un antes y un después pues durante mucho tiempo hablamos de la ubicación privilegiada del estado, de su cercanía con la Ciudad de México, de los terrenos disponibles, de sus carreteras y de su potencial industrial. Ahora todas esas condiciones empiezan a juntarse y a convertirse en proyectos concretos.
Ahí están las inversiones que se anuncian, los nuevos espacios industriales, las obras carreteras, el proyecto del tren hacia el AIFA y una infraestructura que poco a poco está cambiando la manera en que Hidalgo se conecta con el resto del país y esto no es poca cosa. Hay más de 147 mil millones de pesos en proyectos de inversión privada comprometidos y una expectativa de alrededor de 191 mil empleos. Para Hidalgo, acostumbrado durante décadas a ver cómo las grandes inversiones se instalaban en estados vecinos, el cambio tiene una dimensión especial; el estado empieza a ocupar un lugar distinto en el mapa económico.
Y quizá lo más interesante es que esta transformación no ocurre en una sola ciudad. Pachuca y su zona metropolitana tienen una dinámica propia, pero también están apareciendo oportunidades en regiones como Tula, Tulancingo, el Altiplano y el Valle del Mezquital lo que puede terminar siendo una de las grandes fortalezas de Hidalgo; un estado que crece sin concentrar todo su desarrollo en un solo punto.
La llegada de nuevas empresas trae consigo mucho más que empleos directos. Mueve transporte, servicios, comercio, vivienda, capacitación y proveedores. Una planta necesita trabajadores, pero también necesita comida, mantenimiento, logística, seguridad, tecnología, servicios profesionales y una larga lista de actividades que pueden beneficiar a empresas locales.
Ahí es donde una inversión deja de ser solamente una cifra y empieza a convertirse en movimiento económico y también hay algo que puede cambiar de manera importante: la relación de Hidalgo con sus jóvenes pues durante años, muchos tuvieron que mirar hacia otros estados para encontrar determinadas oportunidades profesionales. La llegada de nuevas industrias puede permitir que una parte de ese talento encuentre aquí el lugar donde desarrollar una carrera.
No solamente porque significa empleo. Significa que una familia puede permanecer unida, que el conocimiento se queda en la entidad y que las nuevas generaciones pueden construir su proyecto de vida sin tener que salir de Hidalgo. El tren AIFA-Pachuca puede modificar tiempos y distancias, mientras las nuevas inversiones en carreteras y conectividad pueden facilitar el movimiento de personas y mercancías. Hidalgo está quedando mejor conectado con uno de los principales nodos económicos y logísticos del país.
Hay una generación de empresas y trabajadores que tendrá la oportunidad de participar en esta etapa. Universidades, centros de investigación, instituciones públicas y empresarios tienen frente a sí un escenario distinto, con nuevas posibilidades de colaboración y crecimiento.
El estado que queremos puede empezar a tomar forma precisamente ahí: en un Hidalgo más industrial, mejor comunicado, con mayor actividad económica y con oportunidades que alcancen a más regiones. Un Hidalgo que conserve su identidad y, al mismo tiempo, se prepare para competir en una economía cada vez más exigente.
Uno que crece, que atrae inversiones, que genera oportunidades y que encuentra en su ubicación, en su gente y en su capacidad de transformación las herramientas para construir un futuro más grande. Y lo mejor es que ese futuro parece que ya comenzó.