Morena vs Morena

Hidalgo /

La llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia nacional de Morena ocurre en un momento incómodo para el partido; no es una transición ordinaria, es un relevo en medio de cuestionamientos que obligan a decidir si se corrige el rumbo o se mantiene la inercia que hoy empieza a pasar factura.

Morena no está frente a una oposición fuerte; ese no es su problema inmediato, la oposición sigue atrapada en errores que ya le costaron el poder y no ha logrado construir una alternativa creíble; el verdadero conflicto está dentro, en lo que el propio movimiento ha permitido crecer.

El desgaste no viene de fuera, viene de los señalamientos que se acumulan; acusaciones de corrupción, versiones sobre vínculos con el crimen organizado, sospechas de financiamiento irregular de campañas; muchas de estas versiones no han sido llevadas a investigaciones formales, pero tampoco han sido desmontadas con claridad, y eso pesa.

El caso de Rubén Rocha Moya abrió un frente que ya no es solo doméstico; los señalamientos de vínculos con el crimen organizado ya cruzaron la frontera y se colocan en la agenda de Estados Unidos, ya no se trata de ruido político, es un foco rojo que el partido no puede ignorar.

A esto se suman hechos menos graves en términos penales, pero igual de corrosivos en términos políticos; decisiones que contradicen el discurso de austeridad, episodios que exhiben incongruencias y que erosionan la narrativa que llevó al movimiento al poder.

También están los casos más delicados que siguen sin explicación suficiente; la relación de ex funcionarios con estructuras criminales, investigaciones que apuntan a redes de operación ilícita y episodios que conectan política y seguridad de forma preocupante; cada uno suma presión, pero además cada uno alimenta la duda.

Morena no necesita que alguien más lo debilite; sus propios excesos y omisiones están haciendo el trabajo; el problema no es solo lo que ocurrió, sino lo que no se ha querido enfrentar con claridad, lo que se ha dejado pasar como si no tuviera costo.

El partido llegó con una promesa clara que era la de romper con lo que criticaba; hoy la discusión es si esa promesa sigue vigente o si se convirtió en discurso; la distancia entre lo que se dice y lo que se hace cada vez es mucho más corta haciendo del desgaste un asunto inevitable.

Además la apuesta no puede seguir siendo únicamente electoral; los programas sociales sostienen respaldo, pero jamás van a sustituir la credibilidad; tarde o temprano, el juicio ciudadano alcanzará cada decisión que se decida ignorar.

Morena está frente a un momento que no puede posponer; revisar lo que ha construido o cargar con ello; porque en este momento, la disputa más compleja no es contra otros partidos, es contra su propia historia reciente.

Una muy corta por cierto.


  • Miguel Ángel Puértolas
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