¿Y si sí?

Hidalgo /

Durante décadas el futbol mexicano nos acostumbró a vivir los Mundiales entre dos extremos: la ilusión desbordada antes del primer partido y la decepción después de la eliminación.

Cada cuatro años repetimos el mismo ritual y soñamos con levantar la Copa del Mundo y, apenas aparece un rival de jerarquía, regresamos al viejo discurso de que nunca estaremos a la altura pero esta vez, la pregunta no es si México ya es favorito para ser campeón la cuestión es ¿y si sí?

No se trata de alimentar falsas expectativas ni de vender humo, México ha hecho prácticamente todo lo que estaba a su alcance, ganó sus cuatro partidos, terminó líder de grupo con paso perfecto, anotó ocho goles y, quizá el dato más relevante, no ha recibido uno solo.

Ninguna otra selección que sigue con vida presume esa combinación. Es cierto que Francia ha mostrado un ataque más explosivo, Brasil mantiene un enorme talento individual y Argentina conserva la experiencia del campeón. Pero también es cierto que muy pocos equipos han sido tan consistentes como el de Javier Aguirre.

Ahora aparece Inglaterra y aquí comienza el Mundial de verdad. Los ingleses siguen siendo favoritos por la calidad de su plantilla, por la experiencia de futbolistas como Harry Kane, Jude Bellingham o Bukayo Saka y porque llevan varios torneos instalados entre las mejores selecciones del planeta; sería ingenuo ignorarlo; pero también sería injusto minimizar lo que ha hecho México. Inglaterra sufrió para eliminar a República Democrática del Congo; México resolvió con autoridad frente a Ecuador y llega con la mejor defensa del torneo.

Las probabilidades siguen inclinándose ligeramente hacia los europeos; si México logra superarlo, el siguiente obstáculo sería, casi con seguridad, Brasil y después podría aparecer Argentina. Del otro lado de la llave aguardan Francia, España o Portugal. Es decir, para jugar la final habría que eliminar, probablemente, a tres campeones del mundo y a una de las mejores generaciones del futbol europeo.

Por eso conviene separar la ilusión de la realidad; los modelos estadísticos todavía colocan a México por debajo de esas potencias aunque hoy existen argumentos para creer que puede competir de igual a igual.  Su fortaleza defensiva, el orden táctico, la confianza del grupo y el respaldo de una afición que prácticamente jugará de local alimentan una posibilidad que hace apenas unas semanas parecía remota.

Quizá ahí radica la diferencia; el "¿y si sí?" ya no nace únicamente del corazón del aficionado. Todavía no alcanza para convertir a México en favorito al título, pero sí para sostener que esta selección merece algo que durante mucho tiempo no tuvo: el beneficio de la duda.


  • Miguel Ángel Puértolas
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