La calidad del aire en Monterrey y su Área Metropolitana está condicionada por dos factores principalmente: los vientos, que dependiendo de la estación del año pueden desatarse o desaparecer, y las emisiones de las industrias, incluida la refinería de Pemex en Cadereyta, los automóviles y las pedreras.
Quienes nacimos en esta tierra sabemos que conforme se extendió la mancha urbana llegaron los problemas de movilidad y la contaminación, aunque los gobiernos a lo largo de las décadas han dejado de hacer su trabajo.
Sin importar el partido político al que pertenezcan, los mandatarios electos prefieren patear el bote, antes de poner en cintura a las industrias y ciudadanos como emisores de partículas lanzadas al medio ambiente.
Aunque hay estudios realizados de manera profesional, sabemos que las empresas siderúrgicas, las maquiladoras y todo tipo de industrias generan empleos, pero también destruyen el ecosistema al liberar grandes cantidades de partículas suspendidas (PM10 y PM2.5), dióxido de azufre y metales pesados.
En los últimos años, la operación de la planta de Pemex emite gases contaminantes y dióxido de azufre que con la acción del viento llegan hasta la Zona Metropolitana, donde generan una densa capa de colores y olores pestilentes.
También sigue en aumento el parque vehicular de automóviles y transporte, lo cual favorece la formación de ozono troposférico, aunado a la situación geográfica, porque al estar rodeada por la Sierra Madre Oriental y diversos cerros, la ciudad actúa como una olla que dificulta la dispersión de los contaminantes.
El problema se agrava cuando a pesar de las evidencias, los políticos se confrontan con el tema, para sacar raja política ante la cercanía del proceso electoral del 2027 y el pleito casado que traen desde hace años el PRI-PAN, en contra del actual Gobierno emecista.
En lugar de unirse para buscar soluciones, tratan de hacer acusaciones y señalamientos que en nada ayudan a mejorar la situación. Parece que poco importa el incremento de enfermedades respiratorias y cancerígenas, provocadas por el veneno que respiramos.
Espero que en algún momento llegue al poder un político que se preocupe por el calentamiento global y la contaminación de aire y ríos, porque de lo contrario el futuro nos alcanzará más pronto de lo que pensamos.