Europa: una sequía que amenaza al continente

  • Columna invitada
  • Miguel Carmena Laredo

Ciudad de México /
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Europa enfrenta una de las crisis climáticas más severas de su historia reciente. La combinación de déficits acumulados de lluvias y olas de calor extremas ha desencadenado una sequía meteorológica e hidrológica de gran magnitud. Según datos del Observatorio Europeo de la Sequía (EDO) y de la red Copernicus, cerca de 40 por ciento del territorio europeo se encuentra en estado de advertencia o alerta por escasez de agua, un fenómeno que ha dejado de ser episódico para convertirse en un problema estructural.

El sector agropecuario registra consecuencias directas e inmediatas. La evaporación acelerada y la pérdida de humedad en los suelos han mermado los rendimientos agrícolas en las principales regiones productoras del continente.

Estudios recientes estiman reducciones de hasta 9 millones de toneladas de grano en todo el continente. En Francia, la cosecha de maíz ha registrado su peor dato en 50 años, mientras que en Rumanía se han visto afectadas más de un millón de hectáreas de este cereal.

Países como Austria reportan mermas superiores a 18 por ciento en la cosecha de cereales en comparación con el año pasado, obligando al descenso prematuro del ganado desde los pastos de montaña ante la falta de forraje.

​Esta tensión sobre las cosechas repercute en un alza generalizada de precios alimentarios, afectando especialmente a los hogares de menores ingresos.

La caída drástica en los caudales de grandes arterias fluviales —como el Danubio, el Rin o el Loira— ha paralizado parcialmente la logística continental. El calado reducido de los ríos impide que las embarcaciones de carga naveguen a su capacidad máxima, multiplicando los costes de transporte de mercancías y materias primas.

​En el plano energético, la falta de agua afecta a dos pilares fundamentales: En primer lugar, las reservas en embalses han caído a niveles críticos en regiones dependientes de esta fuente. Además, los bajos caudales y el aumento de temperatura en los ríos dificultan la refrigeración de las centrales nucleares en países como Francia, obligando a reducir temporalmente la potencia de varias instalaciones para proteger los ecosistemas acuáticos. En Hungría, la central de Paks ha cerrado porque no había suficiente agua en el Danubio para refrigerarla.

Los análisis científicos del World Weather Attribution indican que el cambio climático antropogénico ha multiplicado por cinco la probabilidad de sufrir sequías agrícolas en el oeste de Europa y hasta por once en el este. La vegetación reseca ha disparado además el riesgo de incendios forestales devastadores, sumando más de 150 mil hectáreas calcinadas en la Península Ibérica y el sur de Francia.

​Ante este panorama, más de medio centenar de departamentos en Europa han aplicado restricciones de emergencia al consumo de agua no esencial. La sequía continental exige una reestructuración urgente de la gestión del agua, y un replanteamiento hacia infraestructuras de almacenamiento más eficientes, cultivos resistentes a la aridez y políticas de conservación comunitaria a largo plazo.

​Para ampliar la perspectiva sobre la gravedad histórica de este fenómeno hídrico en el continente, se puede consultar la cobertura del reporte institucional en el Informe sobre la sequía en Europa, que analiza en detalle cómo más de la mitad del territorio europeo ha entrado en fases críticas de alerta.


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